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Itinerario Político | Ricardo Alemán

El poder ya enfermó

Nació en la ciudad de México en 1955 e inició en 1980 su carrera profesional como reportero del diario "A.M." de León Guanajuato. Ha trabaj ...

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Jueves 30 de abril de 2009

La genética del virus de influenza porcina parece diseñada para causar un doble efecto en los humanos. El contagio en ciudadanos de a pie provoca todos los síntomas de una gripe común, pero con una potencia capaz de matar en las 48 horas posteriores a su detección. En cambio, la sintomatología parece distinta en políticos y gobernantes, a pesar de que se trata del mismo virus.

El presidente Felipe Calderón deja ver síntomas nada gratos, ya que ante la mayor emergencia de su gestión decidió el bajo perfil. Dejó el peso y la responsabilidad de dar la cara, informar y atender las dudas del caso a José Ángel Córdova, secretario de Salud —de impecable desempeño—, pero cuyo mensaje está lejos del “apapacho saludador y esperanzador” que esperan los ciudadanos.

El tamaño de la emergencia y la desazón social reclama un Presidente sensible, que además del trabajo de oficina baje a donde los mortales hacen “de tripas corazón”: susto, depresión, compras de pánico. Muchos esperan una voz de aliento, esperanza, ánimo. Además de serlo, un jefe de Estado y gobierno debe parecerlo. Pero aún más. Debe ser un líder. ¿Dónde está Calderón en la mayor emergencia de su primer tercio de gobierno?

El caso contrario —y acaso por eso— es el de Marcelo Ebrard, titular del GDF, quien se placea bajo los reflectores de una epidemia que lo tomó mal parado. Sus secretarios de Educación y Salud ni se enteraron de la suspensión de clases en el DF y de que no existe vacuna para la nueva cepa del virus. Pero eso poco importa.

En congruencia con su decisión de no trabajar con el “espurio” —como si la pandemia respondiera a partidos o ideologías—, Marcelo no toma en cuenta a nadie, hace y deshace en la capital y, a su peculiar estilo, impone su ley. Intenta convertirse en salvador de la patria capitalina, pero sólo enseña ribetes de tiranuelo. Ya castigó a los capitalinos con las caóticas obras. Hoy con la paralización económica de la ciudad. Mañana… algo se le ocurrirá. Lo importante es que todos vean que reta a Calderón. “¡El valiente”… “¡Lotería!”

En el PRI también se cuecen habas. Fidel Herrera Beltrán, el virrey de Veracruz, hace circo y maroma para desviar la atención de lo que puede ser la fuente del virus: la transnacional porcina de Perote Carroll’s Food. Los sabuesos federales están cerca. Y dicen que el “rey de la fidelidad” podría caer si se confirma que ocultó el brote. ¿Complicidad criminal? Por afanes presidenciales habría solapado a la empresa responsable. Al tiempo.



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