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Atando cabos | Denise Maerker

Ni para qué salir

Realizó sus estudios profesionales en Ciencias Económicas y Sociales en la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica, la Maestría en Cienci ...

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Lunes 16 de marzo de 2009

Ayer se decidió quién va a gobernar en mi entorno más inmediato, quién va a resolver si se ponen parquímetros en mi calle, si se podan los árboles enfermos con muérdago, si se arregla el problema de la recolección de basura y cómo se va a controlar la invasión del comercio en vía pública. Todas y cada una de esas decisiones me afectan y me importan. Sin embargo decidí no participar. No fue fácil. Pertenezco a una generación de capitalinos que crecimos esperando ansiosos el momento en que nos tomaran en cuenta. ¿Pero se puede salir a votar en las primarias de un partido que no respeta sus comicios internos? Porque en la delegación Cuauhtemoc, como en casi todo el Distrito Federal, no hay posibilidad de que gane nadie que no sea candidato del PRD.

Competía un candidato que me convencía: Tomas Pliego, es vecino y lo he visto asociarse y sumarse a justas demandas ciudadanas. Por eso dudé. ¿De verdad lo único que nos queda es quedarnos sentados viendo desde la ventana cómo el mismo grupo (Bejarano-Padierna) administra y exprime la delegación como jugoso botín sin decir nada? Revisé las listas de casillas, podía votar en Mazatlán esquina con Alfonso Reyes. Pero no, no hay espacio para la ingenuidad. El PRD, en sus múltiples acepciones y corrientes, sabe cómo ganar las elecciones desde y gracias al poder. La fórmula la trajeron del PRI: entrega de despensas, cooptación de líderes de comerciantes ambulantes y control, vía visitadores sociales, de todas las poblaciones beneficiarias de los programas sociales. Es una operación invencible. Sin conocer los resultados les puedo anticipar que la planilla 3 encabezada por Agustín Torres —surgido, dice su biografía, del movimiento urbano popular— ganó anoche.

Y ni forma de manifestar democráticamente el enojo. A diferencia de las elecciones del próximo 5 de julio —cuando una opción, la única que veo por el momento, será ir a la casilla para anular el voto y dejar constancia de la inconformidad por la falta de opciones atractivas— en este caso, ni eso. En las elecciones internas del PRD los números bailan según pasan las horas y los días. El número final de participantes será mágicamente cercano al que anunciaron como deseable: 500 mil. Es cuestión de imagen política, no de matemáticas.

¡Habrá que encontrar una forma democrática de quitarles a esas mafias el control de nuestras calles!



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