aviso-oportuno.com.mx

Suscríbase por internet o llame al 5237-0800




Bajo Reserva | Periodistas de EL UNIVERSAL

Varios secretarios del gabinete de Ebrard siguen a la disposición de AMLO

Bajo reserva es elaborada con aportaciones de periodistas y colaboradores de EL UNIVERSAL previamente verificadas. ...




Escucha al autor

Miércoles 21 de enero de 2009

Dígase lo que se diga, varios secretarios del gabinete de Marcelo Ebrard siguen reconociendo como su líder a Andrés Manuel López Obrador, y lo apoyan con trabajo político. Nada menos el pasado lunes por la noche, funcionarios como Armando Quintero, secretario de Transporte; Laura Velázquez, titular de Desarrollo Económico, y Rosa Márquez, secretaria de Desarrollo Rural, dejaban a un lado la agenda pública para atender las instrucciones del ex candidato presidencial; ayudan a organizar el mitin del tabasqueño para el próximo domingo en el Zócalo. Nos dicen que a Jesús Valencia, director del DIF-DF, incluso se le pidió apoyar para llenar la plaza. (Sólo un favor: no le vayan con el chisme a Ebrard, que puede no gustarle demasiado…)

“La pregunta que nos hacemos hoy no es si nuestro gobierno es demasiado grande o pequeño, sino si funciona”, dijo ayer el presidente de Estados Unidos, Barack Obama. Ninguna frase de su discurso es tan directamente una respuesta a los ortodoxos del liberalismo. John Maynard Keynes, nacido en 1883, estaría brincando en un pie si estuviera vivo. Retomando la frase de Bill Clinton, y haciéndole una pequeña enmienda, podría decirse a los que encabezaron, en México y en todo el mundo, la corriente conocida como “neoliberalismo” (que quiera o no ya lleva acumuladas, en 20 años, varias crisis globales): “Es el Estado, estúpidos”. Qué caray, el brinco que hemos dado en tan poco tiempo. ¡Estados Unidos keynesiano! Así fue el golpazazo de la era Bush.

Si el secretario de Salud, José Ángel Córdova, fue capaz de rechazar el bando promovido por el alcalde panista de Guanajuato, Eduardo Romero Hicks (ahora conocido como Romero Kiss), imagínense el tamaño de la roncha que generó, en círculos más progresistas, la puntada de prohibir los besos públicos. Panista también, identificado por muchos como un conservador, Córdova comentó en tono de broma: “A cada rato dí muchos besos; ya estaría en la cárcel muchas veces”. Y es que Romero Hicks intentó servir su conservadurismo con la cuchara más grande, además en una ciudad que institucionalizó, y no con una campaña sacada de la manga, el beso (con su callejón dedicado al idem y toda la cosa). Sabemos la historia: hubo protestas y una muy tardía marcha atrás. Difícilmente el alcalde de la intolerancia podrá borrar de su carrera el resbalón.



PUBLICIDAD.