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Itinerario Político | Ricardo Alemán

PRD: divorcio por infieles

Nació en la ciudad de México en 1955 e inició en 1980 su carrera profesional como reportero del diario "A.M." de León Guanajuato. Ha trabaj ...

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Martes 18 de noviembre de 2008

La infidelidad política —igual que el engaño entre las parejas—, suele acabar con alianzas y matrimonios políticos.

Pero en el caso del PRD —el partido que reclama la franquicia de la izquierda mexicana—, el divorcio y la infidelidad parecen producirse por partida doble. Es decir, que la pareja que por conveniencia mantuvieron por más de una década Chuchos y obradoristas llegó a su fin cuando los primeros se negaron a que los segundos siguieran manteniendo —por fuerza, mediante el engaño y el sometimiento—, el control total de la casa familiar, el partido amarillo. Ese divorcio ya es inevitable.

Pero cuando los tribunales resolvieron sobre la más reciente pelea entre esa irreconciliable pareja de Chuchos y obradoristas, y cuando entregó la potestad amarilla a los primeros, se produjo el otro divorcio; el de PT y Convergencia, quienes se llamaron a engaño y en un acto suicida dejaron fuera al PRD de esa “sorprendente alianza ganadora” que era el FAP; verdadera perversión política que terminó en vergonzosa orgía política que sólo sirvió para reproducir lo peor del viejo PRI.

Y es que a los ojos de todos, sin pudor político alguno, se llevaron a cabo groseros aquelarres políticos y cuestionables amoríos incestuosos entre obradoristas, petistas y convergentes, para quienes lo menos importante era la castidad ideológica o la congruencia doctrinaria, sino que estaba en juego lo único para lo que valen los principios políticos según la partidocracia mexicana: el poder por el poder. Es decir, que la infidelidad y la perversión se confirman como las divisas fundamentales del poder y la política.

Y dígalo si no la reacción de los obradoristas cuando el Tribunal Electoral Federal determinó que a pesar del cochinero electoral para renovar la dirigencia del partido —que data del 16 de marzo pasado, el ganador había sido Jesús Ortega. ¡Traidores e infieles!, les gritaron a los ganadores desde las barricadas del radicalismo amloísta. “El Tribunal Electoral está bajo el control de las mafias políticas”, dijo el mesías, en su lapidaria sentencia.

El periódico oficial, La Jornada, y el propagandista oficial de los “obradoristas” nos regaló una formidable confesión de parte. En su trazo panfletario colocó a “Jesús” como “traidor del señor”. Es decir, aceptó finalmente que AMLO y su causa no son más que una religión. Esa religión hizo toda clase de trampas para quedarse con el control del PRD, pero como no lo consiguieron, entonces patearon la mesa, se llevaron las fichas y gritaron “fraude”, “espurio”. Y al final, “traidores al señor”. ¿Qué tal?

Alejandro Encinas —el alfil de AMLO— fue derrotado por los cuatro costados, pero alcanzado por la tara genética de su mentor, nunca reconoció la derrota, pretendió el chantaje, descalificó todo y a todos, pero al final —y como no comen lumbre ni Encinas ni AMLO—, Encinas aceptó ser el secretario general del PRD, el segundo de a bordo de Jesús Ortega. Pero, ¡claro! Primero buscó el bautizo de su mentor. Mientras tanto, otro tlatoani, Cuauhtémoc Cárdenas, paró en seco los afanes chantajistas del que fuera su creación política, cuando expresó la versión moderna del “no se hagan bolas”. Cárdenas dijo: “El resolutivo del Tribunal Electoral es definitivo”. Y punto.

Como queda claro, en el PRD se vive la peor guerra de su historia, la peor pelea entre uno de sus matrimonios fundamentales; el de Los Chuchos y los lopezobradoristas, matrimonio que por casi una década ha sido por conveniencia. Alejandro Encinas seguirá como secretario general, AMLO continuará siendo su patrocinador, pero la guerra de los obradoristas contra Los Chuchos seguirá por todos los flancos. Ese es el tamaño del suicidio que se procesa dentro del PRD.

Y es que si el partido amarillo, el PRD, no es propiedad de López Obrador, no lo será de nadie más. Esa parece ser la consigna. Y por eso desde la casa del tabasqueño salió la señal para romper esa farsa que había sido el Frente Amplio Progresista (FAP), una vez que por obra del Tribunal Electoral no le entregaron a AMLO el control del partido. Se ordenó romper el FAP, no porque crean el tabasqueño y sus fanáticos que el PT y Convergencia pueden caminar por su propio pie, sino porque desde esa alianza petista y convergente, seguirá con la demolición del PRD.

Pero el radicalismo de AMLO y la guerra contra su partido pueden provocar lo insólito. La unificación de todos contra el tabasqueño. ¿Y qué tal si se unen Cárdenas, Marcelo Ebrard, y Los Chuchos, para sacar provecho de lo que queda del PRD. Y esa no es una ocurrencia. Al tiempo.



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