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Itinerario Político | Ricardo Alemán

Kafka en México

Nació en la ciudad de México en 1955 e inició en 1980 su carrera profesional como reportero del diario "A.M." de León Guanajuato. Ha trabaj ...

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Si Kafka viviera —suelen decir algunos— sería ciudadano mexicano

Domingo 02 de noviembre de 2008

Si el Presidente es de izquierda

René Bejarano es la esperanza

Si Kafka viviera —suelen decir algunos— sería ciudadano mexicano. Otros van más allá y aseguran que la realidad mexicana es más punzante que la ficción de Kafka.

Como sea, en días recientes hemos sido testigos de un nada despreciable ataque de hechos vinculados con una inocultable cata kafkiana que, sin más, pudiera confirmar que —si no es mexicano— Kafka dejó una fuerte influencia en la clase política local. Así, políticos, líderes y gobernantes mexicanos parecen salidos de La metamorfosis; los más de ellos, o uno que otro de El proceso.

CALDERÓN... ¿DE IZQUIERDA?

La primera perla kafkiana la vimos la noche del martes cuando, en un mensaje en cadena nacional —que sorprendió por la euforia del Presidente a causa de la reforma petrolera aprobada esa tarde—, Felipe Calderón se dijo dispuesto al festejo a causa de una reforma que, según declaró, no era privatizadora. Por esa misma razón, según festejó: “El petróleo sigue siendo patrimonio de los mexicanos”. ¿Pues no que la reforma de Calderón no era privatizadora? Si es así, ¿entonces a quién iba dirigido el mensaje?

En realidad lo que vimos confirma lo que durante meses dijimos aquí. Es decir, que cualquiera que fuera la reforma petrolera, sería rechazada por lo más radical de los amarillos, pero sería festejada como un triunfo del gobierno de Calderón. Al final de cuentas, dicen en la Casa Presidencial, el responsable de la iniciativa petrolera enviada al Congreso se llama Felipe Calderón. Y resulta que por pura casualidad —la de los votos, claro— trabaja de Presidente.

Ya antes Calderón había dado respuesta a la crisis global con una iniciativa que mostró un tufo izquierdista, al proponer no una contracción económica ante la crisis, sino todo lo contrario. Reactivar la inversión pública y con ello la economía. Pero apenas era el principio, porque horas después, en una de sus participaciones en la Cumbre Iberoamericana en El Salvador, no sólo condenó el perfil perverso del neoliberalismo, sino que pronosticó su fin. ¿Alguien imaginó a Calderón con esos discursos y esas respuestas en el ejercicio de gobierno? No hay duda. Kafka recorre México.

BEJARANO: ¿POR LA ESPERANZA?

Pero la anterior no era más que una “probadita” de la fuerte cultura kafkiana que nos ataca al aproximarnos a la primera década del nuevo siglo. Resulta que sin pena alguna, sin vergüenza, amenaza con volver a la clase política René Bejarano, prohombre de la política, víctima de la siempre injusta “mediocracia”, quien con voz de mártir pide disculpas, reconoce sus errores, pero con el pecho al frente y la mirada en hinojos se dice dispuesto a volver para salvar a los mortales que, insiste, nunca lo entendieron. “Perdónalos, señor, que no saben lo que hacen”, parece musitar.

En una entrevista candorosa —de un humanismo heroico que por poco y arranca lágrimas— reconoció su papel de mártir de la democracia y —nomás faltaba— víctima de la dictadura mediática, mientras que su entrevistador pontificó para sancionar esas horribles prácticas de la radio, en la que se pregona que “se escuchan todas las voces”. Con la vista clavada en el piso, en posición de redención, Bejarano dijo que él sólo es guía de un Movimiento Nacional por la Esperanza que —quién sabe por qué, o acaso por pura casualidad— comulga con “el movimiento soy yo”. Bejarano es “la esperanza”. ¿Qué tal?

Pero tienen razón el político y el hombre de los medios. Ingratos, insensatos, insensibles ciudadanos que nunca entendieron que Bejarano atesoraba pacas de dólares y ligas —las expropiaba— porque era un enviado divino. Incrédulos y mal pensados que no entienden que ese dinero era para lo mejor de la democracia, para causas justas e iluminadas como impulsar la llegada al poder del enviado del cielo. De ahora en adelante se formarán vallas en torno a Bejarano, que a su paso pedirán perdón por no entender las causas superiores. Y claro, siempre fiel, Bejarano acepta que no es prudente buscar puestos de elección popular. ¿Por qué? Porque conocedor de la cosa política, sabe que no debe hacerle daño “al señor”. Retumba por todas partes el murmullo: “Perdónalos, señor, que no saben lo que hacen”.

Por cierto —y ya en serio—, ¿saben cuál es la religión que comparten Bejarano y “el señor”? Puro morbo. Por lo pronto, el zacatecano Ricardo Monreal mete las manos al fuego por Bejarano: “Ya pagó y es su derecho regresar”, dice. ¿De veras ya pagó, señor Monreal? La fidelidad mediática puede decir lo que quiera, misa si es necesario, pero lo cierto es que nadie ha aclarado nada de “la mafia” creada en torno a Bejarano, el ex jefe de Gobierno y Carlos Ahumada. Y sí, el tiempo dirá.

¿Y LOS 100 DÍAS, APÁ?

Por lo pronto, a Marcelo Ebrard y a Calderón se les acaba el tiempo, los 100 días, para responder a la sentencia de Alejandro Martí: “Si no pueden, renuncien”. ¿Renunciar? ¿Existe esa palabra en sus diccionarios? Otra vez insensatos ciudadanos que no entienden nada. Por ejemplo, que en los 72 días anteriores —hoy faltan 28 días para que se cumpla la fecha fatal—, los gobiernos federal y de la capital han mostrado una eficacia envidiable.

El jueves, por ejemplo, el GDF nos sorprendió con una perla. Que un juez encontró presunto responsable de 11 secuestros y cuatro homicidios a Sergio Humberto Ortiz Juárez, El Apá, a quien apenas la víspera nadie había declarado culpable. En realidad a El Apá le salvaron la vida en el IMSS para matarlo de nuevo en el GDF. ¿Por qué? Porque son muchas las evidencias de que no es más que uno de los harto socorridos “chivos expiatorios”. En efecto, Ortiz Juárez pudo ser presunto responsable de muchos otros ilícitos. Pero en los más altos círculos del poder se asegura que nada tiene que ver con el caso Martí. Y no tardará en aparecer el montaje.

La verdad es que el gobierno de Ebrard pretendió usar a un cadáver como chivo expiatorio. Pero nunca tomó en cuenta el factor Lázaro: que ese cadáver se levantara y por poco y se les va. Ortiz Juárez era la coartada perfecta, porque era un hombre muerto. Pero en el IMSS le salvaron la vida y con ello le complicaron el numerito al gobierno de Ebrard. Por lo pronto, aquí pronosticamos que no pasará el rigor de un juicio sólido. ¿Por qué? Porque si no existe una componenda, será difícil encontrar pruebas de que El Apá secuestró y mató al joven Martí. Y el corazón del asunto es el caso Martí. La pregunta es si el padre Martí se tragará ese cuento.

‘LA FAMILIA’ CUMPLIÓ

Y para terminar, le recomendamos el trabajo periodístico de María de la Luz González —en EL UNIVERSAL del sábado—, en el que nos ofrece “pelos y señales” de otro engaño mediático. ¿Se acuerdan del granadazo de Morelia, el 15 de septiembre? Bueno, pues en otro hecho kafkiano, resulta que son abundantes las pruebas de que La Familia Michoacana es la responsable del montaje que hizo aparecer a dos hombres confesos como los autores materiales del crimen al lanzar granadas a la multitud.

Y todo por los 100 días, de los que hoy faltan 28. Y llegaremos al día tres, dos y uno con golpazos mediáticos. Y si no, al tiempo.



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