aviso-oportuno.com.mx

Suscríbase por internet o llame al 5237-0800




Artes Visuales | Mónica Mayer

Hilvanar



COLUMNAS ANTERIORES


Viernes 30 de mayo de 2008

Hilvanar

Casi no he regresado a Tlatelolco después de 1985.

Mis tíos y mis primos vivían en el edificio Jesús Terán, que fue de los que salieron más dañados después del sismo y acabaron por derrumbarlo.

Afortunadamente ellos sobrevivieron la catástrofe sin daños físicos, pero el sabor amargo del desarraigo hasta a mí se me contagió. A la fecha me cuesta trabajo acercarme a ese amplio conjunto habitacional que en los 60 se antojaba como el brillante símbolo de una clase media ascendente, pero al que el tiempo, los conflictos políticos, la naturaleza y las interminables crisis económicas han golpeado sin piedad.

Como siempre, el arte me hizo cambiar mis hábitos. Una de las intervenciones urbanas del proyecto Peatonal —el encuentro de arte y política en el espacio público que dirigen Carlos Prieto y Samuel Mesinas— me obligó a regresar.

Hilvanar es una propuesta de Maru de la Garza, artista cuya obra me atrae porque reflexiona visualmente sobre cuestiones de interés social, como el cáncer de seno y la relación entre mujeres de diferentes generaciones. Escribí de su muestra “Episodios femeninos” el primero de junio de 2007 en estas páginas.

También utiliza la tecnología digital como soporte, lo que me encanta. En septiembre de 2007, De la Garza presentó su proyecto Mosaico celular, en el que convocó al público a enviarle fotografías desde sus teléfonos. Pueden verlo en http://art-marudelagarza.blogspot.com.

Pero el eje conductor de su obra que más me interesa es que crea estructuras que les da la voz a otros.

Hilvanar reúne estos tres aspectos. Consistió en acercarse a la población de la tercera edad en la unidad habitacional y, a partir de entrevistas, creó dos productos.

El primero fue un video de media hora que se proyectó la noche del miércoles 21 sobre la fachada del edificio José Ma. Arteaga y el sábado 24 sobre la del Allende. La imagen era enorme y, proyectada sobre las fachadas, adquiría una textura peculiar. Las historias, todas ellas ricas, recorrían desde los aspectos más íntimos de la cotidianidad, hasta los eventos que nos marcaron la vida a todos: la matanza estudiantil del 68 y el terremoto.

El segundo es una serie de tarjetas postales que estaban a la disposición del público voluntario e involuntario que asistió a la presentación del video, en las que las mismas personas exponen sus anhelos, experiencias e ideas. Al frente viene una foto de los vecinos o de sus departamentos o de sus objetos. Al anverso los textos, como el de Juana, de 83 años, que me cautivó porque describe más o menos como quiero sentirme a su edad: “Estoy muy satisfecha con lo que hice, el trabajo que tuve, la vida de mis hijos, lo he hecho todo…”.

Hilvanar me conmovió y me pareció una obra bien resuelta, pero también me inquietó. Incluso podría decir que me incomodó, seguramente porque en las voces de los vecinos de Tlatelolco escuchaba a mis tíos y sus amigos de toda la vida y los sentí expuestos.

Muchos proyectos artísticos que se plantean como políticos o sociales acaban siendo turismo: una visita breve y el artista ya se siente capacitado para hablar por los otros. Como es “arte” no siempre tienen la distancia y la investigación profunda de un buen documental o a veces echan a andar procesos sociales que luego dejan a medias. El tiempo dirá si Hilvanar logró ser un bordado fino.

También tengo la sensación de que Tlatelolco se está poniendo de moda en el medio cultural porque este año es el aniversario 40 de la matanza estudiantil. Para mí, y supongo que para sus habitantes, Tlatelolco es mucho más que sus tragedias.

pintomiraya@yahoo.com



PUBLICIDAD.