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Itinerario Político | Ricardo Alemán

2008, año clave

Nació en la ciudad de México en 1955 e inició en 1980 su carrera profesional como reportero del diario "A.M." de León Guanajuato. Ha trabaj ...

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Los 12 meses por venir podrían ser determinantes para el gobierno de Felipe Calderón y acaso la última oportunidad de mostrarse ante la opinión pública como una administración capaz de transformaciones relevantes

Martes 08 de enero de 2008

2008, año clave

Estaríamos ante la última oportunidad de alcanzar acuerdos y grandes reformas

Los 12 meses por venir podrían ser determinantes para el gobierno de Felipe Calderón y acaso la última oportunidad de mostrarse ante la opinión pública como una administración capaz de transformaciones relevantes. Pero también existe la posibilidad de que 2008 se convierta en la tumba prematura del segundo gobierno de la derecha partidista en México.

Y es que, por increíble que se antoje —y por absurdo que parezca—, el inédito acomodo político resultante de la polarizada y controvertida elección de julio de 2006 —alineación casi astral de los tres grandes partidos— estará vigente sólo durante los 12 meses por venir, ya que todo cambiará a partir de enero de 2009 cuando arranque la disputa por una nueva composición en la Cámara de Diputados —a renovarse en julio de ese año—, lo que podría marcar el principio del regreso del PRI no sólo como mayoría en San Lázaro, sino al poder presidencial en 2012.

Es decir, son muchas las posibilidades de que el PAN pierda su lugar como primera minoría en San Lázaro, de que el PRD sea desplazado a un lejano tercer lugar y de que el PRI regrese como mayoría. Ante esa nueva conformación y reacomodo de fuerzas, el gobierno de Felipe Calderón estaría frente a una seria desventaja política a partir de la segunda mitad de 2009 y hasta 2012, tiempo en el que resulta predecible que, sin margen de maniobra y con un escaso poder de negociación, sean imposibles los acuerdos y la negociación y más bien el gobierno de Calderón enfrentaría una posición de sometimiento y debilidad extrema. Por eso no es descabellado suponer que el naciente 2008 será más que un año clave para el gobierno de Calderón y para los tres grandes partidos; estaríamos ante la última oportunidad de alcanzar acuerdos políticos trascendentes, pactos con el respaldo de los tres mayores partidos y, acaso lo más importante, algunas de las grandes reformas que reclama de manera urgente el país, más allá de las peleas y rencillas entre los integrantes de esa siempre arrogante y pragmática partidocracia mexicana.

Pero para tratar de explicar la trascendencia del nuevo reacomodo que viviremos a partir de 2009 y la importancia de 2008 como año clave para los mexicanos, vale la pena recordar que el arreglo político resultante de julio de 2006 fue lo más parecido a una “carambola política de fantasía” o, si se quiere, a un mero juego de azar. ¿Por qué? Porque si antes de julio de 2006 alguien hubiese apostado al triunfo de Calderón por un estrecho margen sobre el candidato López Obrador; al desplazamiento del PRI a un penoso tercer lugar en el Congreso —pero suficiente para convertirse en el “fiel de la balanza” en las decisiones políticas de importancia—, y al impensable crecimiento legislativo del PRD —que sin todo quedó fuera del alcance de su líder, López Obrador—, nadie le habría dado crédito a esa hipótesis. Y es que si como hipótesis resultaba descabellada, como realidad parece inexplicable.

Como todos saben, la pasada elección presidencial se polarizó entre las propuestas de la derecha y la izquierda: Calderón y Obrador, respectivamente. Ese fenómeno le quitó votos al PRI y a su mal candidato, Roberto Madrazo, preferencias que se movieron a favor del candidato azul, en una suerte de antiobradorismo. Esa tendencia convirtió al PAN en la mayor de las minorías en el Congreso. En el caso del PRD ocurrió algo parecido, ya que su candidato, López Obrador, jaló a los candidatos amarillos al Congreso hasta niveles históricos de votación.

Pero resulta que AMLO perdió no sólo la Presidencia, sino que lo perdió todo, ya que en un error de cálculo y empalagado como estaba con el “dulce” de su candidatura invencible, entregó el mayor número de candidaturas a diputados federales y senadores a sus adversarios históricos: Los Chuchos. Y frente a esas carambolas políticas de fantasía, el PRI se confirmó como el “fiel de la balanza” en 2007, sin cuyos diputados y/o senadores tanto la derecha como la izquierda partidista hoy estarían maniatadas. En pocas palabras, sin el concurso del PRI, la derecha y la izquierda simplemente estarían paralizadas.

Ese acuerdo estará vigente sólo durante el naciente 2008 —como ya se dijo—, y sus resultados quedaron a la vista de todos en 2007 con un puñado de reformas que, cuestionables y todo, muestran aspectos positivos de avance en reformas estructurales. ¿Pero qué va a pasar a partir de julio de 2009? El PAN difícilmente mantendrá su primera posición, si no es que regresa a sus niveles históricos como segunda fuerza en el Congreso. Ese retroceso previsible le restará todo margen de maniobra al gobierno de Calderón, salvo que el impuesto presidente nacional del PAN, Germán Martínez, sea capaz de un milagro. Pero en política, todos lo saben, los milagros no existen.

El caso del PRD se aproxima a lo patético. Es decir, el partido de la izquierda mexicana camina en dirección a la autodestrucción, ya que una vez pasado el fenómeno AMLO —que en rigor fue la más lamentable muestra del autoritarismo y la imposición antidemocrática de liderazgos—, los amarillos pelean como perros y gatos por el control de una franquicia que es rentable como nunca en la historia de la izquierda mexicana. Si no se fractura el PRD para 2009, no regresará a los niveles históricos de votación que lograron los amarillos en 2006. ¿Por qué? Porque el fenómeno AMLO ya pasó.

Como se puede ver, todo indica que pasado julio de 2009, el PRI se podría colocar en la pista de arranque para regresar a la mayoría en la Cámara de Diputados, en tanto que sus estructuras territorial y estatales siguen un proceso de fortalecimiento en elecciones locales y rumbo a la federal de 2009, proceso de preparación para 2012. Y, en efecto, lo que no hagan en 2008 los tres grandes partidos y el gobierno de Calderón, ya no lo harán en lo que queda del sexenio.

aleman2@prodigy.net.mx



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