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Serpientes y escaleras | Salvador García Soto

A punto de salir el humo blanco

Autor de la columna “Serpientes y Escaleras”, Salvador García Soto es uno de los periodistas críticos con amplia presencia en los medios ...

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En medio del hermetismo pactado por los partidos, anoche sólo se sabía que hoy se conocerán los nombres de los nuevos consejeros del IFE y que la selección terminó siendo una decisión cupular

Jueves 13 de diciembre de 2007

A punto de salir el humo blanco

Como “una rebatiña no exenta de golpes y patadas” describía anoche uno de los participantes las negociaciones para la integración del IFE que ayer entraron en la recta final. Dos nombres avanzaban en el rudo juego de vetos y propuestas que tenía lugar dentro de las paredes del Palacio de San Lázaro: el politólogo Lorenzo Córdova, apoyado por el PRD, y el analista Ezra Shabot, con apoyo del PAN. El PRI barajaba hasta la medianoche varios nombres para la tercera posición y la definición de la presidencia del instituto electoral seguía pendiente.

Mientras el país celebraba el fervor guadalupano, los negociadores de los tres grandes partidos se reunían a puerta cerrada y aceleraban la búsqueda de acuerdos pactada para terminar hoy por la noche. Emilio Gamboa y Manlio Fabio Beltrones, por el PRI, Héctor Larios y Santiago Creel por el PAN, además de los perredistas Javier González Garza y Carlos Navarrete, eran los seis hombres que protagonizaban el intenso estira y afloja.

Ayer, en la parte final de los acuerdos, el PRI cumplió su amenaza y les cobró al PAN y al PRD la factura del veto a su primera carta, Jorge Alcocer. El acuerdo original de los partidos incluía tres nombres: Alcocer, Mauricio Merino y David Góngora. Pero cuando panistas y perredistas se aliaron para tirar a Alcocer, por su cercanía con Manlio Fabio Beltrones, los acuerdos se rompieron y los priístas vetaron también a las primeras opciones de sus contrapartes en las pláticas.

Todavía ayer el ministro de la Corte, ya tocado por el veto del PRI, fue rematado por los diputados panistas que en la víspera se volcaron en contra de Góngora Pimentel, al que identifican cercano a Andrés Manuel López Obrador. En el caso del ex consejero del IFE Mauricio Merino, los priístas le cobraron, además del veto a Alcocer, su participación en aquella histórica multa por mil 100 millones de pesos que el IFE le impuso al viejo partido por el Pemexgate en… 2003.

Para el ministro Góngora, su fallida participación en el proceso de selección de consejeros podría tener un alto costo. Aunque pidió permiso por un mes a su ministerio en la Suprema Corte de Justicia para participar en la elección, y puede regresar a ocupar su alto cargo, la realidad es que el desgaste que sufrió en ese proceso le costará en su posición como ministro, donde de por sí juega un papel a contracorriente de la mayoría conservadora que hoy domina en la máxima sala del Poder Judicial.

Contra lo que piensan los panistas, Andrés Manuel López Obrador, con quien mantiene una relación amistosa y simpatías políticas, no tuvo nada que ver en la decisión de Góngora. Los que se acercaron al ministro y lo convencieron de que tenía todas las posibilidades de ser consejero con el apoyo del PRD fueron Carlos Navarrete, Jesús Ortega y Graco Ramírez.

En el caso de Lorenzo Córdova, que anoche sonaba incluso como un fuerte prospecto a la presidencia del IFE, sólo había un obstáculo que le falta sortear. Los panistas traían en San Lázaro un expediente que tiene que ver con su participación como asesor de José Woldenberg en el primer IFE ciudadano. Cuando se aprobó bajo la gestión de Woldenberg la prestación de una dote matrimonial para los funcionarios del IFE, consistente en dos meses íntegros del salario que se entregan al servidor público que contraiga matrimonio, Córdova fue uno de los primeros en cobrar esa jugosa y criticada prestación. Y eso fue presentado ayer por los panistas como una pequeña “mancha” en el expediente de Lorenzo.

Sobre Ezra Shabot, lo que lo mantenía anoche en las listas preliminares eran dos cosas: la alta calificación que logró en las evaluaciones internas de los diputados (4.9 que lo colocaron en la sexta posición de los 39 finalistas), y los cabildeos en su favor entre los principales grupos parlamentarios, sobre todo del PAN, donde el analista y comunicador tiene su principal respaldo.

Al final, al cierre de esta columna, seguían los jaloneos y la rebatiña. En medio del hermetismo pactado por los partidos y la incertidumbre que prevalecía, anoche sólo había dos cosas seguras: la primera, que hoy habrá humo blanco en San Lázaro y se conocerán los nombres de los dos consejeros y el nuevo presidente del IFE, y la segunda, que después de tanta faramalla, de tanto esfuerzo por aparentar un proceso “limpio y transparente”, la selección de consejeros terminó siendo una decisión cupular de los partidos.

NOTAS INDISCRETAS… Ironías de la política o confirmación de las leyes de la física que afirman que los extremos finalmente se juntan. Si ya era curioso que Andrés Manuel López Obrador y el Consejo Coordinador Empresarial coincidieran en su rechazo y cuestionamiento público a la reforma electoral aprobada por el Congreso, mucho más extraño y paradójico es que el presidente Felipe Calderón Hinojosa y Andrés Manuel López Obrador, los dos principales adversarios en la política nacional, defiendan una misma posición de rechazo a que se cambie el actual e inoperante régimen político de la República. Tal como lo oye, Calderón y AMLO se oponen, eso sí, por separado y con su abismal distancia entre la Presidencia “legal” y la “legítima”, a que se modifique un ápice del sistema presidencial imperante en el país. La sorprendente coincidencia se ha registrado en la mesa de negociación de la reforma del Estado. Las posiciones expresadas al interior de la CENCA, donde se discute el tema del cambio de régimen, sostienen que el presidente Calderón se opone, a través de los congresistas del PAN, a propuestas de cambio hacia un régimen semiparlamentario que plantea el PRD o a crear un “gobierno de gabinete” que propone el PRI. Y por el otro, López Obrador, han dicho legisladores perredistas, no acepta que se toque el régimen presidencial y rechaza el planteamiento priísta y el de su propio partido. Lo irónico del asunto es que el razonamiento para esta oposición que los une es, en escencia, el mismo: Calderón no quiere que le toquen un milímetro de su poder presidencial y por el contrario propone que se fortalezca la Jefatura del Ejecutivo, mientras que AMLO calcula que no le conviene un cambio hacia el parlamentarismo porque aún cree que puede llegar a la Presidencia en 2012. Juzgue usted… Por un error de este columnista se publicó en la anterior entrega que Carlos Romero Deschamps sustituyó a Joaquín Hernández Galicia en el liderazgo del sindicato petrolero, tras la caída de La Quina en 1989. Fue en realidad Sebastián Guzmán Cabrera, enemigo declarado del quinismo, a quien Carlos Salinas de Gortari eligió para desmantelar el cacicazgo petrolero. Romero Deschamps fue electo líder hasta 1993, tras la salida de Guzmán Cabrera. Una disculpa a los lectores por la imprecisión… Los dados no se amedentran ni se rinden. Escalera doble.

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