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Itinerario Político | Ricardo Alemán

Monitor ¿complot o suicidio?

Nació en la ciudad de México en 1955 e inició en 1980 su carrera profesional como reportero del diario "A.M." de León Guanajuato. Ha trabaj ...

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Nadie en su sano juicio puede escatimar el valor social, periodístico y empresarial que desde hace 33 años tuvo el informativo Monitor, conducido y luego dirigido por José Gutiérrez Vivó

Domingo 01 de julio de 2007

Se alió a Fox, y le falló; se alineó a AMLO y fue arrollado

Pretenden convertir a Vivó en mártir de la libertad de expresión

Nadie en su sano juicio puede escatimar el valor social, periodístico y empresarial que desde hace 33 años tuvo el informativo Monitor, conducido y luego dirigido por José Gutiérrez Vivó. No hay lugar para la mezquindad sobre su papel en la transición democrática mexicana, en la alternancia en el poder y la naciente democracia electoral. Y tampoco se le puede negar a esa propuesta informativa su contribución al rescate de libertades básicas, como la de expresión.

En efecto, a lo largo de tres décadas, el diseño informativo Monitor fue pionero en la radio hablada, en las barras noticiosas, en la prestación de servicios que acercaron a la sociedad con la solución de sus problemas, en el debate plural de ideas y posturas políticas contrarias y, durante algunos años, en esa saludable experiencia de acercar el mundo a los escuchas mexicanos. Sin Monitor, no hay duda, no se entiende buena parte de la radio noticiosa en México.

Pero pretender simplificar “la muerte” de Monitor sólo con los vulgares argumentos del complot político, publicitario y hasta con el alineamiento a una postura partidista —como pretenden los corifeos y fanáticos del “legítimo”— no sólo significa desconocer el valor social y democrático de ese proyecto —y del esfuerzo de todos quienes lo hicieron posible—, sino insultar a los miles de escuchas que desde esa delgada franja de la llamada sociedad civil convirtieron por décadas a Monitor en el mejor instrumento de la “opinión pública”, entendida ésta como “la fuerza social de juzgar la virtud y el vicio, el bien y el mal del poder político” (John Locke. Ensayo sobre la inteligencia humana).

Está claro que Monitor llegó a su fin porque los anunciantes se retiraron —lo que provocó una quiebra financiera que al final impidió siquiera el pago de salarios—, pero además de las intrigas palaciegas, de las venganzas políticas y empresariales, contribuyeron a su muerte graves errores empresariales, equivocadas estrategias políticas y la soberbia de un exitoso comunicador que al pasar al terreno del empresario ignoró la regla de oro de toda empresa de comunicación: que los medios de comunicación, además de empresas mercantiles, son sociales, y que no deben aliarse ni al poder en turno ni a las tendencias políticas que aspiran al poder, a riesgo de perder su esencia, la de crisol, donde confluyen todas las tendencias y las ideas políticas y sociales.

El origen

Monitor nació en 1974 de la feliz conjugación de ideas renovadoras de un joven emprendedor procedente de la BBC de Londres, quien convenció a un audaz empresario de la radio mexicana para impulsar un proyecto de radio hablada con énfasis en la entonces casi inexistente información radiofónica. En esos años, cuando la influencia informativa estaba en la prensa escrita y apenas despuntaba la televisión, se unieron José Gutiérrez Vivó y la familia Serna Alvear, quienes de la nada, sin recursos económicos pero con talento y decisión, muy pronto dieron forma a lo que años después fue el más exitoso programa informativo de la radio.

La importancia social, política y mediática de Monitor probaron su eficacia en fenómenos como los terremotos de 1985 y luego en el proceso electoral de 1988 —cuando la televisión jugó en favor del PRI y cerró todos los espacios a los opositores—, al grado de que se comprobó que el manejo independiente, crítico y ético de la información eran no sólo una saludable responsabilidad social para impulsar libertades, como la de expresión, y aspiraciones político-sociales, como la transición democrática, sino un negocio harto rentable. Para la década de los años 90 José Gutiérrez Vivó se había convertido en el líder indiscutible de la radio en México, en uno de lo más influyentes informadores y un referente para partidos políticos, candidatos a puestos de elección popular, pero sobre todo para el gobierno en la naciente pluralidad política.

En las primeras dos décadas de Monitor —entre 1974 y 1994—, tanto el concesionario de la entonces Radio Red, Clemente Serna Alvear, como el exitoso conductor del informativo más escuchado de la radio, debieron sortear el autoritarismo de los gobiernos del PRI, la censura y hasta amagos del propio Gutiérrez Vivó de retirarse del aire si los dueños de Radio Red aceptaban las presiones del gobierno federal o de los estatales. Un momento emblemático se dio a raíz de las explosiones de Guadalajara —en abril de 1992, cuando perdieron la vida 200 personas por fallas en un ducto de Pemex—, lo que provocó un feroz acoso del gobierno federal. La influencia del informativo era, a la distancia, “un peligro” para los gobiernos del PRI, el de Salinas en esos años.

Mal empresario

En 1994 el concesionario de Radio Red, Clemente Serna —la 1110 de AM y la 88.1 de FM—, decidió vender al Grupo Radio Centro las frecuencias por las que se transmitía Monitor. El periodista Gutiérrez Vivó se opuso y hasta reclamó derecho de turno para la venta, pero sólo consiguió quedarse con la propiedad del concepto Monitor y la entonces ya también exitosa Red Vial. Con ese capital en las manos, Gutiérrez Vivó creó Inforred, una productora de noticias que, al tiempo de la venta de Radio Red a Radio Centro, firmó con la familia Aguirre un contrato de exclusividad para la generación de productos noticiosos.

Entre 1994 y 2000 (Itinerario Político, 14 de febrero de 2006) “todo caminó sobre ruedas”, aunque la línea editorial de Monitor se modificó de manera sensible. Y es que en su papel de ejecutivo exitoso, más que de periodista reconocido y responsable con la pluralidad de un medio, Gutiérrez Vivó jugó el juego de no pocos concesionarios de la radio; el de pactar con tal o cual grupo de poder, gobierno o candidato presidencial. Pero el error muy pronto se convirtió en tragedia, ya que el titular de Monitor contaba sólo con dos frecuencias de AM —la 1320 y la 1470, que Radio Centro las entregó como parte del convenio con Inforred, y que siguen en litigio—, lo que lo convirtió en un muy pequeño concesionario.

En las elecciones presidenciales de 2004 —antes, durante y después de ese proceso electoral—, Gutiérrez Vivó debió conjugar, sin éxito, el papel de conductor del más influyente informativo de la radio, con el de empresario de una de las más rentables productoras de noticias para la radio. Un reto nada fácil, sobre todo porque no era uno de los grandes concesionarios. Acaso el periodista más influyente. Así, arrastrado por la euforia del “cambio”, que también se llevó consigo a muchos intelectuales de la izquierda mexicana, el dueño de Monitor se la jugó con Vicente Fox, el candidato de la derecha que mostraba arrestos para derrotar al PRI en las urnas.

Ya con Vicente Fox en el poder presidencial, Gutiérrez Vivó fue uno más de los muchos decepcionados del guanajuatense, sobre todo cuando pretendió el apoyo presidencial en su pelea empresarial con el Grupo Radio Centro. Y es que desde 2001 Radio Centro entró en colusión con Monitor, en una estrategia claramente encaminada a incumplir un contrato que en el papel los debía mantener unidos por 16 años. El 21 de agosto de 2001 escribimos en el Itinerario Político de esa fecha: “También entre los periodistas como Gutiérrez Vivó, una presión como la que enfrenta con el Grupo Radio Centro los cambia, los hace vulnerables, al grado de que se convierten en presa fácil del gobierno en turno. Gutiérrez Vivó se ha convertido en vocero oficioso del gobierno de Vicente Fox, al que tarde o temprano deberá pedir ayuda para aguantar la embestida del Grupo Centro”.

De muy poco, en realidad de nada le sirvió a Gutiérrez Vivó convertirse en vocero de Fox en los primeros años de su gobierno, ya que el entonces presidente se inclinó en favor de Radio Centro, y literalmente dejó colgado de la brocha al periodista, que en respuesta rápidamente cambió su línea editorial y se convirtió en un severo crítico del foxismo. Y no tendría nada de malo regresar a la posición crítica al gobierno, como ocurrió con Monitor a partir de 2002 y hasta 2006, si no fuera porque en otro error estratégico Gutiérrez Vivó sólo cambio de camiseta; se convirtió en aliado del ex jefe de Gobierno Andrés Manuel López Obrador, que por sobre otros medios informativos, prensa, radio y televisión, prefirió canalizar los patrocinios del gobierno del DF hacia Monitor.

Propagandista

Tiene razón Gutiérrez Vivó cuando acusa al gobierno de Vicente Fox de haber favorecido a Radio Centro en la disputa con Monitor, y también le asiste la razón cuando dice que desde Los Pinos se pidió a empresarios que retiraran sus anuncios de Monitor. Lo que no entendió “el señor Gutiérrez” —como le dicen sus leales— es que del error empresarial que significó su alianza con Radio Centro pasó al error político de convertir a su otrora influyente y respetada productora de noticias en un medio aliado y al servicio de una causa política, la de AMLO.

Y es que los dueños de los medios, en tanto empresarios, pueden hacer lo que les plazca con su propiedad, pero en tanto empresas sociales —de la comunicación— no deben inclinar su línea editorial al interés político de tal o cual grupo, partido o candidato, sin pagar riesgos por ello. Todo medio de comunicación, en tanto instrumento para hacer valer el sentido y la fuerza de la opinión pública, debe mantenerse equidistante del poder y privilegiar en sus contenidos la crítica, la pluralidad y la apertura a todas las tendencias y banderas partidistas.

Cuando Gutiérrez Vivió tomó partido por López Obrador, que era el enemigo político de Fox, compró la enemistad de Fox y de sus aliados, los Aguirre, que al mismo tiempo eran los enemigos naturales de Monitor. Pero además, el conductor perdió la credibilidad de amplios sectores que lo vieron como parcial, que se dijeron engañados porque se inclinaba a una de las partes en disputa por la carrera presidencial de 2006, y porque como empresario se comportó exactamente en sentido contrario al Gutiérrez Vivó periodista. Ya dueño de Monitor, hizo lo que siempre criticó de Clemente Serna y se olvidó de lo que reclamaba como mero conductor de Monitor.

Pero además, entre 2000 y 2007 desmanteló lo más valioso de su capital, a decenas de periodistas y colaboradores a los que echó a la calle por cuestionar su cambiante línea editorial, su soberbia desmedida y su gusto por el elogio, la complacencia y hasta por quienes adivinaban su futuro. Se rodeó de un pequeño grupo de halagadores, y hasta de una colaboradora que gustaba de la brujería para mantenerse como su incondicional.

Costos políticos

Nada ni nadie justifica que un medio como Monitor o cualquier otro —que por casi tres décadas fue el instrumento para crear la aún endeble opinión pública— haya sido aplastado por esa perversa combinación del poder político y empresarial, por las venganzas políticas y el canibalismo de los propios concesionarios de la radio, la televisión y alguna prensa, pero lo cierto es que Gutiérrez Vivó y Monitor no sólo están pagando el precio de los errores empresariales y personales, sino los costos políticos de jugar a la política, de tomar partido por una causa y un candidato presidencial, antes de privilegiar los espacios para el debate de todas las tendencias y todos los intereses en juego.

Monitor fue arrastrado no sólo por las venganzas de un presidente como Vicente Fox —al que el periodista de derecha le apostó para beneficiarse del poder, pero del que no consiguió nada porque no es lo mismo el poder de Radio Centro frente al poder de Monitor— ni solamente por las guerras a muerte con la familia Aguirre. En realidad, Monitor fue arrastrado a la “muerte” que anunció su creador el pasado viernes, porque perdió su razón de ser; la de un medio de comunicación capaz de hacer convivir la responsabilidad empresarial con la responsabilidad social —de informar—, que requiere distancia del poder y de quienes lo pretenden.

¿Qué habría pasado si en lugar de Calderón, el presidente hubiese sido Obrador? Nadie lo sabe —a pesar del cuento y la fantasía del fraude—, pero en la hipotética respuesta a esa también hipotética pregunta se encuentra una buena parte del dilema que enfrentan Monitor y su creador. En efecto, la sobrevivencia de los medios no debe y no puede estar en manos de las decisiones, los caprichos, las venganzas y el cobro de facturas políticas del poder. Pero para que eso no ocurra, los medios no deben ser parte de las luchas políticas por el poder.

A monitor lo arrastró a la muerte el error monumental de pretender caminar al pasado. Alcanzó sus momentos de gloria cuando se mantuvo equidistante del poder y de la política para alcanzarlo; cuando era el centro de la información independiente, ética, plural; cuando la crítica era su principal línea editorial, pero empezó su declive cuando un hombre de derecha como Gutiérrez Vivó quiso congraciarse con un gobierno de derecha como Vicente Fox, y luego cuando se alió con el dizque representante de la izquierda para defenderse de la derecha empresarial y política. Y en el pecado lleva la penitencia. El problema es que quienes más pierden, los que verdaderamente pierden, son los ciudadanos, los escuchas, la democracia mexicana. Sólo falta que hoy también se le vea en el zócalo, junto con medios como La Jornada, que también fueron arrastrados al extremo de tener ahora una dirección vitalicia. Ver para creer.

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