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Libros y Otras Cosas | David Huerta

Los libros y la memoria

La columna de David Huerta se ocupa de diversos temas de la cultura contemporánea y no tan contemporánea; el apartado "otras cosas" del nombr ...





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Miércoles 25 de abril de 2007

Los libros y la memoria

Hace unas semanas conocí a uno de los pocos libreros de viejo que van quedando en la ciudad. Me volvió a llamar la atención la resistencia de este oficio: no se extingue, aunque sin duda está en ese trance dinosáurico. Algún día no habrá uno solo en todo el Anáhuac y entonces viviremos tiempos tristes, dominados por el totalitarismo de la mercadotecnia librera, si es que para entonces hay libros aún y no hemos ingresado de lleno en el mundo que describe cierta lóbrega novela de Ray Bradbury. En esa historia del gran fabulista, los bomberos no apagan incendios sino que los inician: su trabajo consiste en quemar libros, en autos de fe repentinos. Bradbury cuenta que los grupos de la "resistencia" sobreviven apenas en las montañas y los bosques, y llevan consigo, en la memoria, los libros que aman. El título del libro evoca la temperatura a la que arde el papel: Fahrenheit 451 ; este año cumple 54 años de publicada.

En las librerías nuevas no quedan trazas del noble oficio: si uno pregunta por un libro, los empleados acuden prestos a la computadora para ver "si lo tenemos"; ninguno parece conocer de primera mano, más o menos de memoria, lo que hay en las estanterías. Pero en las librerías de viejo todavía se conoce el acervo sin necesidad de esos portentosos estimulantes de la holgazanería intelectual que son las computadoras. Ya sé que esto último suena fatal, como de refractario a los avances o "tecnófobo"; pero yo mismo utilizo esos aparatos y hasta consulto la internet, en la que 99% de lo que hay me parece basura; me conformo con el 1% restante que vale la pena, y que de todas formas es inmenso.

Lo cierto es que los libros fueron inventados, curiosamente, como una forma de la memoria. Dicho de otra manera: lo que hasta entonces había estado en el cerebro salió de éste y se depositó en manuscritos y luego en impresos. Los libros son "ayudamemoria". Los hechos que rodean la historia de los libros son uno de los capítulos más intensos en el devenir de las civilizaciones y las culturas.

Ese librero de viejo de quien hablé al principio de esta columna, don Julio Hernández, me consiguió unos tomos de historia que andaba yo buscando hacía ya meses y hasta restauró uno de los tomos, que tenía un poco estropeada la encuadernación. Me pareció el colmo de la gentileza y se lo agradecí efusivamente. No puedo decir que hemos conversado a lo largo de muchas horas, pero sí afirmar que nos hemos entendido de maravilla. A él le gusta su trabajo, su oficio; alguien se preguntará cómo lo sé: me basta ver el modo en que toma un libro en las manos y escucharlo hablar de ediciones. A mí me gusta leer, aunque nunca he sido especialmente bibliófilo; tampoco soy ciego ante los valores de una buena edición, antigua o moderna. Estoy seguro de que, como en la película Casablanca, esos intercambios son el comienzo de una bella amistad.



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