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Libros y Otras Cosas | David Huerta

Sobre los opinantes 'muggles'

La columna de David Huerta se ocupa de diversos temas de la cultura contemporánea y no tan contemporánea; el apartado "otras cosas" del nombr ...





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El día que comenzó a circular el sexto libro de Harry Potter se titula Harry Potter and the Half-Blood Prince fui a comprarlo sin demora; pero no se crea que así nomás: lo había apartado oportunamente. Estoy leyéndolo; no se crea, empero, que esto...

Jueves 04 de agosto de 2005

Sobre los opinantes `muggles`


El día que comenzó a circular el sexto libro de Harry Potter se titula Harry Potter and the Half-Blood Prince fui a comprarlo sin demora; pero no se crea que así nomás: lo había apartado oportunamente. Estoy leyéndolo; no se crea, empero, que estos renglones son una reseña bibliográfica; contravendría principios elementales del género, uno de los cuales (que una vez violé, entusiasmado, antes de terminar El nombre de la rosa) consiste en opinar acerca de un libro que uno ha leído realmente de punta a cabo, y sobre el cual se ha formado alguna impresión razonable o, por lo menos, sobre el que puede dar noticia sensata. Quiero comentar, muy sencillamente, algunas cosas que he oído insistentemente acerca de Jane Rowling y sus libros, los más célebres de la década.

Esas "cosas" que he escuchado acerca de la serie del niño mago ahora un adolescente, según la secuencia biográfica de su historia son dichas por personas que, casi sin falta, no han leído ni uno solo de los volúmenes.

Es increíble, pero es verdad. Si los han leído, es todavía más increíble que digan lo que dicen. Afirman, por ejemplo, que estos libros son una atroz, abominable invención mercadotécnica; ignoran la historia de Jane Rowling, sus penas y trabajos para publicar el primero de la saga. Tampoco saben lo que sucedió en realidad con el éxito inicial de las historias. Fueron recomendadas de boca en boca por los niños que las habían leído; la máquina publicitaria llegó mucho después de aquellos primeros años. Luego se filmaron las primeras entregas, la tercera de las cuales fue dirigida por un talentoso director mexicano, Alfonso Cuarón, y es, con mucho, la mejor. Eso en cuanto al cine, desde luego; pero los opinantes no distinguen entre una forma y otra. Con el libro nada han tenido que ver; quizá tampoco han visto las películas: les basta con el "ruido" que se hace alrededor.

Los enemigos de Harry Potter se sintieron muy aliviados cuando nada menos que Harold Bloom lo reprobó sin contemplaciones y dijo que aquello era "basura". Oyeron que ese señor es un crítico literario muy importante y que es un gran lector; no me lo parece: opina con suficiencia y pedantería insufribles sobre el Quijote, pero no lo ha leído en español, a diferencia, por ejemplo, de Thomas Carlyle, quien aprendió nuestro idioma con el propósito expreso de conocer a Cervantes.

Bloom ha saqueado sin el menor pudor y desde luego sin dar los créditos correspondientes las ideas de Jorge Luis Borges sobre el fenómeno literario (un caso clarísimo de "angustia de las influencias"); confiesa sin empacho que apenas entiende sus propias teorías filofreudianas de hace 20 años, y dinamita su pomposo libro sobre el canon literario "de las edades" con una lista vergonzosa que le impusieron los editores por razones del más abierto comercialismo, como le dijo en una entrevista a Barbara Probst Solomon.

Prefiero las opiniones de los lectores auténticos de los libros de Jane Rowling; no los espurios berrinches de un aristocratizante chafa como el profesorcillo Bloom, quien se apresuró a llegar a México para cobrar el premio Alfonso Reyes, se quejó como una magdalena y se regresó cuanto antes a su nicho académico de Yale. Pero eso sí: los enemigos de Harry Potter se llenan la boca con su nombre cuando condenan estos libros sin apelación.

Otra opinión, muy política ésta, afirma que el éxito de Jane Rowling es una maquinación del primer mundo para enturbiar las mentes infantiles con claros propósitos de dominación mundial "globalizadora" e imperialista. Provienen, claro está, de la izquierda más adocenada. Y ya se sabe cuán enemiga de la lectura suele ser ese tipo de izquierda, en especial en México.

Algo hay en estos libros que irrita a las buenas conciencias y a las almas bellas. No me lo explico del todo; pero cada vez me resultan más patéticos y aburridos esos personajes. "Yo prefiero leer a Paul Auster", dicen, indicando que sus gustos en literatura de lengua inglesa van por el camino correcto. Nada tengo contra Auster, desde luego; pero leo a Rowling y a Auster sin conflicto. Así de sencillo.

Cada tanto, del otro lado de la trinchera, escucho a los defensores de los libros de Harry Potter cuando esgrimen razones para hacer ver su importancia y su valor. Me gustaría darles un consejo de buena fe: dejen el asunto en paz; los libros de Jane Rowling se defienden solos; disfrútenlos y coméntenlos entre ustedes. Los otros esos muggles desabridos se lo pierden.

Escritor



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