aviso-oportuno.com.mx

Suscríbase por internet o llame al 5237-0800




Agenda Alternativa | Javier Lozano

El nombre del juego (Segunda Parte)



COLUMNAS ANTERIORES

El Foro Económico Mundial clasifica a México en el lugar número nueve por cuanto hace al tamaño de su economía mientras que, en su aptitud para aprovechar y utilizar las Tecnologías de la Información y de las Comunicaciones (TIC, por sus siglas en...

Lunes 14 de febrero de 2005

El nombre del juego (Segunda Parte)

Nuestra economía no corresponde al nivel que tenemos en cuanto al aprovechamiento de las tecnologías de la información. La culpa recae en todos aquellos encargados de fijar las políticas públicas que, frívolamente, observan al fenómeno como algo ajeno

El Foro Económico Mundial clasifica a México en el lugar número nueve por cuanto hace al tamaño de su economía mientras que, en su aptitud para aprovechar y utilizar las Tecnologías de la Información y de las Comunicaciones (TIC, por sus siglas en inglés), ocupamos el lugar número 47. Eso se llama, palabras más palabras menos, brecha digital.

De la misma manera, cuando comparamos nuestra teledensidad (líneas telefónicas fijas por cada 100 habitantes), encontramos que la ubicación de México es de 16.3% mientras que, por ejemplo, en países como Estados Unidos, Alemania y Suecia, ese índice alcanza 63, 66 y 74%, respectivamente. Y no para ahí la cosa. Al comparar la media nacional con estados tan rezagados como Chiapas o Oaxaca, vemos que ese indicador nos lleva a un lamentable 4.8 y 5.8%, respectivamente, mientras que el DF reporta 40% y Nuevo León 28% en su índice de teledensidad. Una vez más, la brecha que distingue a pobres y pudientes.

Y la misma proporción, lógicamente, la encontramos al comparar los hogares con televisión, teléfono, televisión de paga e internet. Las diferencias son abismales y la brecha digital, otra vez, hacia adentro y hacia fuera, se vuelve a hacer presente.

El problema que enfrentamos es que, en este país, no hemos terminado por aterrizar la idea de que ya dejamos atrás la era industrial y que estamos de lleno en la llamada Sociedad de la Información y del Conocimiento. Ello implica, necesariamente, el aprovechamiento de las TIC y, sobre todo, la convicción generalizada de que ése es el rumbo que deberíamos seguir en todas nuestras políticas públicas, decisiones administrativas, iniciativas legislativas y planeación educativa a fin de alinearse en consecuencia para poder compenetrarnos, de lleno, en la competitividad que impone el contexto global.

Parece mentira pero el tema no está en la agenda nacional. Alguna vez el Senado de la República, en el 2003, convocó a un foro para discutir el tema de la posición de México ante la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información. A tal reunión no asistieron los representantes del gobierno federal, señaladamente el responsable del Programa e-México y el presidente de la Cofetel. Y, sin embargo, la delegación oficial mexicana que asistió a Ginebra a finales de ese año fijó su posición, a su leal saber y entender.

Esa misma cumbre tendrá su momento culminante este año en Túnez y, con todo, no sabemos cuál será la propuesta o señalamiento que haremos como Estado que conste que no es lo mismo que el gobierno en una reunión de los mismísimos jefes de Estado que, en mucho, inducirá el futuro inmediato y de largo plazo para ese deseable aprovechamiento de las TIC.

Y a todo esto, es preciso decir que la convergencia es uno de los elementos que propician el acceso a la Sociedad de la Información y del Conocimiento. Sin embargo y para variar, tampoco hemos definido con claridad qué hacer con ella.

La convergencia implica la armonización y ensamble de las tecnologías, servicios, empresas, regulaciones y autoridades que permitan la transmisión fácil, rápida y barata de todo tipo de contenidos y aplicaciones por cualquier medio de conducción en beneficio del consumidor final. Su realidad práctica es mucho más flexible, eficiente y dinámica que la regulación tradicional que distinguía tecnologías y servicios y que, como penosamente aún ocurre, impone barreras artificiales a la inversión y a la innovación tecnológica.

En nuestro país, a pesar de tener una ley moderna y conste que ya cumple próximamente sus primeros 10 años de vida artificialmente se le han impuesto barreras artificiales a su plena aplicación, aunado a la negligencia con la que el órgano regulador, Cofetel, ha venido actuando en estos últimos años.

Simplemente, como un mero ejemplo, nótese que la comisionada jurídica de dicha institución fue reclutada sin cumplir con los requisitos que impone el Decreto de Creación de la Comisión; que no se ha integrado el Consejo Consultivo previsto en dicho ordenamiento en los últimos tres años y que, en el colmo de la impunidad, su actual "presidente" no ha emitido informe anual de labores alguno en dicho lapso, a pesar de ser una obligación establecida en el mismo decreto.

Por si fuera poco, tampoco se ha implantado en México la portabilidad de número, es decir, la posibilidad de que el usuario se lleve su mismo número cuando cambie de compañía telefónica; o la desagregación de la red, lo cual implicaría que varias empresas podrían prestar servicios diferentes a un mismo usuario a partir de la misma red.

En mucho, tal negligencia obedece a la presión ejercida por Telmex, no obstante la evidencia pública de que, en los demás países latinoamericanos en los que participa como competidor de la empresa ahí dominante, su posición respecto de ambos temas es exactamente la contraria (para pronta referencia, véase el caso de Chile).

Y qué decir de la posibilidad de adoptar de manera generalizada la tecnología inalámbrica para acceso veloz a la red (Wi-Fi, WiMax); de utilizar lo que ya es una realidad tecnológica y comercial a nivel mundial, o sea, la telefonía por internet (VoIP) y, finalmente, de la restricción para la televisión por cable de prestar servicios de telefonía a sus propios suscriptores. Todo ello es hoy imposible gracias a las barreras artificiales que ha impuesto nuestro propio gobierno.



Posdata

Y, en medio de esta farsa, el presidente Vicente Fox nos mandó decir desde España que, después del 2006, lo vamos a extrañar. Ajá.

[email protected] / www.idet.org.mx



PUBLICIDAD.