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Agenda Alternativa | Javier Lozano

El nombre del juego (Primera parte)



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Mientras aquí seguimos discutiendo la agenda legislativa a partir de conceptos del siglo pasado, el mundo adopta nuevas tecnologías de la información y de la comunicación en todos sus procesos y en su vida cotidiana. Se llama convergencia.

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Lunes 07 de febrero de 2005

El nombre del juego (Primera parte)

La convergencia es lo importante. No nos equivoquemos y despojémonos de barreras y complejos. Aún estamos a tiempo

Mientras aquí seguimos discutiendo la agenda legislativa a partir de conceptos del siglo pasado, el mundo adopta nuevas tecnologías de la información y de la comunicación en todos sus procesos y en su vida cotidiana. Se llama convergencia.

Cuando en 1992, el presidente de la compañía Tele-Communications Inc. de Estados Unidos, John C. Malone, expuso su visión sobre el futuro digital en una apuesta llamada "convergencia" de todo tipo de redes alámbricas, inalámbricas, satelitales y un gran ciberespacio capaz de armonizar a las tecnologías de la información y la comunicación (TIC, por sus siglas en inglés) para la transmisión de 500 canales de televisión, contenidos interactivos, telefonía y correo electrónico, se le tomó como una idea propia de la ciencia ficción.

El escepticismo cundía y, en 1997, la revista Business Week (23 de junio) prácticamente acababa con la esperanza de que la convergencia se convirtiera en el verdadero nombre del juego del mundo global. Las grandes inversiones y los fracasos por juntar en una sola plataforma las redes de televisión por cable con las de telefonía y transmisión de datos parecían sugerir la pertinencia de volver, cada uno, a lo suyo. Back to basics.

Sin embargo, un año más tarde, en su edición del 17 de mayo, The New York Times, un artículo de Richard C. Notebaert, entonces presidente de Ameritech Corporation, criticó la corta visión de quienes rápidamente habían desfallecido ante la truncada ilusión de la convergencia. Para Notebaert este concepto debía vislumbrar una película más amplia y agresiva. Había que apostar a la convergencia como la nueva herramienta que cambiaría los procesos y la forma en que trabajamos e, incluso, nos comportamos.

Con estos antecedentes, hoy podemos decir que la convergencia debe entenderse, en su más amplia acepción, como la armonización de tantas redes, tecnologías, servicios y empresas que faciliten el acceso a servicios de alta velocidad y definición, para la transmisión de voz, datos y video, independientemente del contenido que se transmita. Es decir, no sólo es un tema de tecnologías convergentes sino que se trata de ofrecer un menú, tan amplio e inagotable como la imaginación, de todo tipo de servicios de televisión, telefonía, internet, transmisión de datos, video, juegos, concursos, comercio electrónico, redes privadas, mensajes cortos, etcétera, a través de una sola terminal y a cargo de una sola empresa y factura.

Estos últimos conceptos explican la gran cantidad de operaciones que tienden a la concentración de otrora poderosas compañías verticalmente organizadas y especializadas en sus respectivos ramos (Sony Ericsson, Time Warner, SBC más Cingular, BellSouth y, ahora, comprando AT&T por 16 billones de dólares, o el caso de Qwest que intenta adquirir MCI por 6.3 billones de dólares, etcétera), para facilitar la convergencia de sus redes, tecnologías, contenidos y servicios, en aras de abatir costos, generar economías de escala y expandir su presencia y poderío entre gigantes.

Hasta hoy y mientras nuevos hallazgos tecnológicos no nos alcancen el protocolo de Voz por Internet (VoIP, por sus siglas en inglés) es la novedad que permite que lo que antes sólo era una transmisión de datos e información hoy sea capaz de sustituir la telefonía tradicional por esta forma de hacer llamadas, sin número local fijo, sin redes cerradas y switches conmutándolas.

Vonage, por ejemplo, es la principal proveedora de conferencias por internet en Estados Unidos, con más de 400 mil clientes que sólo pagan 25 dólares al mes por llamadas ilimitadas (obviamente a cualquier destino) mientras que, según una encuesta realizada por AT&T, 43% de las multinacionales de ese país usan, prueban o de plano cambiarán a VoIP en los próximos dos años.

De ahí que todas las empresas de telefonía local o de larga distancia estén volteando a ver cómo adoptar el nuevo protocolo a sus redes, procesos y oferta de servicios para estar en condiciones de competir en esta nueva realidad global.

Por increíble que parezca, ya es posible la convergencia de teléfonos, televisores, computadoras, agendas electrónicas y hasta en refrigeradores y en el IPod mismo, para transmitir y recibir todo tipo de contenidos, al mismo tiempo, con una sola factura expresada en capacidad utilizada y no en minutos, conceptos o servicios específicos.

En Corea del Sur y en Japón, por ejemplo más de dos tercios de la población tienen acceso a internet en banda ancha, con lo cual el VoIP es una realidad creciente. En este último país ya 10% de los usuarios residenciales usan la telefonía por internet.

En el Reino Unido, British Telecomm (BT) planea invertir 20 mil millones de dólares para asimilar esta revolución tecnológica. Wal-Mart ofrece ya teléfonos VoIP en su sitio de ventas electrónicas y hasta Nintendo ha comenzado a poner chips de Wi Fi en sus aparatos para poder navegar en la red, en forma inalámbrica, en las nubes crecientes que ofrecen este servicio.

España es otro buen ejemplo de la convergencia. Telefónica, su principal empresa de telecomunicaciones, ha lanzado el servicio imagenio, a través del cual y mediante la tecnología ADSL ofrece todo tipo de canales temáticos, a la carta, en entrega inmediata, con contenidos que van desde películas, canales internacionales, series, documentales, conciertos, noticias y videoclips. Y, por si fuera poco, ofrece conexión a internet de alta velocidad hasta de 256 Kbps en la propia televisión con lo cual, además, podrá el usuario conectarse a la telefonía VoIP. Todo, por 54 euros al mes.

Lo dicho: la convergencia es el nombre del juego. No nos equivoquemos y despojémonos de barreras y complejos. Aún estamos a tiempo.

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