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Agenda Alternativa | Javier Lozano

Caída libre



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Mi solidaridad con Diódoro.

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Lunes 18 de octubre de 2004

Caída libre

La semana pasada fue una de las más ricas en noticias para México. Lástima que todas hayan sido malas. Lo dicho. Además de los escándalos políticos nuestra competitividad y la confianza de los inversionistas en el país están por los suelos

Mi solidaridad con Diódoro.

AT Kearney (www.atkearney.com) una de las firmas de estudios y consultoría más prestigiadas del mundo, dio a conocer el resultado de un nuevo ejercicio que da cuenta del nivel de confianza para la inversión en los 64 países que fueron objeto de esta muestra. Ahí, como ya ha sido ampliamente comentado, México pasó del lugar número 3 a la posición 22 en tan sólo un año. A decir del propio informe, esta brutal caída se explica por la falta de reformas estructurales en sectores como el de telecomunicaciones, infraestructura y energía.

Ya no es novedad decir que México ha sido rebasado en esta materia por China y por la India, aunque este año, también, Brasil y Polonia se han sumado a la lista de países más atractivos que el nuestro para la inversión.

Lo poco que queda del secretario de Economía, Fernando Canales Clariond, nos dio una explicación que raya en el cinismo. El responsable de las áreas relacionadas con la política industrial if any, con la inversión extranjera, con la desregulación económica y con la competencia en México, nos salió con que "es responsabilidad de todos los mexicanos. Cada uno de los 104 millones de mexicanos tenemos parte de esa responsabilidad. Creo que cada uno de nosotros debemos hacer nuestra tarea".

No, señor secretario. Si bien al parecer todos somos iguales, hay unos "más iguales que otros". Y usted lo sabe. Quienes tienen a su cargo las áreas de gobierno, legislativas, o de procuración e impartición de justicia, claramente asumen una responsabilidad infinitamente superior que la del resto de esos 104 millones de mexicanos, la mayoría gente joven, por cierto, y que aún no está en el mercado laboral. Y si hoy nos castigan con tan reprobable nota se debe, fundamentalmente, a lo poco que hemos hecho por darle certidumbre a la inversión; por incentivarla con nuevas áreas de oportunidad; por darle la bienvenida y asegurarle su permanencia, y por dejarnos de complejos malentendidos de soberanía que, lo único que provocan, es que el dinero y con ello los empleos se vayan a otro lado.

De la misma manera, el nuevo reporte del Foro Económico Mundial nos muestra que la competitividad del país va, también, a la baja. En efecto. Del lugar 47 de por sí penoso pasamos al número 48. El estudio en comento considera tres componentes: ambiente macroeconómico, instituciones públicas y la aptitud de aprovechamiento de las tecnologías de la información y de la comunicación.

Y mientras Finlandia (tierra de Sibelius) sigue ocupando el primer lugar en los últimos cuatro años en cuanto a competitividad se refiere, en virtud de la manera seria y responsable de manejar sus finanzas públicas, por el respeto a sus instituciones y por su casi nula incidencia hacia la corrupción, México cae un lugar en la tabla, al tiempo de que Chile mejora su ubicación en la misma al pasar del sitio 28 al 22. Es decir, dentro de una misma región, nada más nos llevan 26 lugares de ventaja.

Otra vez, la falta de reformas; la evidente vulnerabilidad de nuestras instituciones; la constante violación a nuestro régimen jurídico; la falta de conciencia y responsabilidad por adoptar las tecnologías de la información y de la comunicación como parte de nuestros procesos cotidianos, nos están poniendo en una situación cada vez más endeble frente a nuestros socios comerciales.

¿Qué dirán los indignados seguidores del "rayito de esperanza" de todo esto? ¿Cómo se inscriben las hoy evidentes tretas que prepararon el insultante asalto a la tribuna de San Lázaro por parte de las hordas perredistas? ¿Por qué tener que echar mano de acciones tan ilícitas como la escucha de conversaciones privadas telefónicas? ¿Dónde quedó el liderazgo de aquel valentón candidato a la Presidencia, hoy reducido a una caricatura de tan insigne figura? ¿Quién será el líder que destrabe discusiones, concierte acuerdos o mayorías y haga valer la ley sin que le tiemble el pulso?

Mucho más de lo que la gente se imagina está en manos del gobierno. El numerito de echarle la culpa de todos los males al Congreso y de enviarle la factura a cobro es, cada vez, menos creíble.

Cada vez son más las voces que, sin recato alguno, levantan su legítimo reclamo de que las cosas ocurran ya en este país. No bastan, pues, arengas populistas ni discursos incriminatorios del otro lado. Fox debe entender que, además de ser jefe de Gobierno es jefe de Estado. En tal virtud no puede ni debe meterse al callejón de las trompadas un día sí y el otro también. Su agenda debe orientarse hacia la concreción de acuerdos; la desregulación económica; la promoción de la inversión nacional y extranjera; la consolidación del estado de derecho; el respeto y fortalecimiento de las instituciones; acabar con los monopolios; hacia una educación orientada a la competitividad internacional y, desde luego, a generar conciencia de que la era industrial quedó atrás y de que el nombre de juego de hoy se llama sociedad de la información y del conocimiento.

De no ponernos a tono con lo que acontece en el mundo, lo que habremos acumulado será mucho más que malas noticias. El ahuyentar a los inversionistas, el desasosiego de nuestros empresarios, la furia del desempleado, el hartazgo por la inseguridad pública y la desesperante frivolidad de la lucha política están acabando con el escenario. Luego no se quejen de que la gente no cree ni en los políticos ni en los procesos electorales. Luego no invoquen los valores democráticos que ustedes no han sabido defender. Simple y sencillamente pónganse a trabajar y, de preferencia, cállense la boca.

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