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Agenda Alternativa | Javier Lozano*



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Lunes 15 de diciembre de 2003

La ruptura

La semana pasada fuimos testigos de un lamentable episodio más de la irresponsabilidad de diversos actores políticos que, tras de su actuación, lo único que han logrado es el desprestigio de la política en sí y terminar por llevar al desarrollo económico del país al cadalso

Lo dicho: la ruptura al interior del PRI apenas comienza a mostrar su verdadera dimensión. Lo acontecido la semana pasada en cuanto a la final remoción de Elba Esther Gordillo al frente de la coordinación de la fracción priísta en San Lázaro y la votación mayoritaria en contra de la iniciativa de reformas fiscales son signos de esa descomposición.

Claramente se observa que la lucha intestina por el poder dentro del PRI está generando saldos que van mucho más allá que la mera vida institucional del tricolor. ¿En verdad los legisladores que votaron por el NO conocieron la iniciativa de reforma fiscal completa? ¿Acaso leyeron su contenido e hicieron cuentas de sus costos y beneficios? ¿Saben estos diputados lo mucho que le cuesta al país perder empleos a diario; una eventual corrida de capitales; el incremento en las tasas de interés y, por ende, en el crédito en general; la volatilidad en el tipo de cambio que termina por encarecer productos que se consumen cotidianamente; el aumento en los precios de alimentos y medicinas a los que prefieren demagógicamente no imponer nuevos gravámenes aunque el consumidor final termine pagando más por lo mismo?

Me temo que no. Y en todo caso, deben saber estos defensores de los pobres al más puro estilo de Pepe el Toro, que el costo político que hubieran pagado por sumarse a esta propuesta de reforma sería infinitamente menor que el que han acumulado en las últimas semanas ante el pobre espectáculo que nos han regalado en cadena nacional. Ya lo verán.

De otra parte, Roberto Madrazo ha confirmado, por enésima ocasión que él sí tiene palabra, y se llama "poder". En eso se reduce su amplio diccionario sobre ética política. Su mente, corazón y estrategia están puestos en el 2006. Ni más ni menos. Él y los suyos han secuestrado al partido, sus siglas, sus colores, su ideario y su expresión. Dan pena y provocan rabia. No son reformistas, ni progresistas. Su nacionalismo ramplón ya a nadie conmueve. Si hubiera ética y congruencia en Madrazo la renuncia al CEN del PRI debería ser su siguiente paso porque no se puede, no se vale pues, ser dirigente y aspirante a la vez.

De Emilio Chuayfet lo único que se puede decir es que, además de prestarse para una jugada torcida y sucia, su afán por reinventar su propia historia le traerá, seguramente, tres días más de reflector y toda una vida por delante de opacidad. La salida de la Cámara de Diputados de su paisano y también exgobernador del Estado de México, Alfredo del Mazo, es una expresión adicional de esa ruptura que ahora trasmina las paredes del otrora poderoso grupo Atlacomulco. Congruente con sus ideas y objetivos, del Mazo prefiere la salida digna y a tiempo a ser parte de una maltrecha comparsa de pobre escenografía y música completamente desentonada.

Cuando en 1929 Plutarco Elías Calles crea el Partido Nacional Revolucionario la intención era, precisamente, que los múltiples choques y conflictos entre los distintos actores políticos encontrasen un cauce institucional y político para dirimir diferencias. Ese fue el gran valor en los 71 años de vida que siguieron al PRI: la estabilidad política. Antes del nacimiento del partido, las cosas se arreglaban con violencia y a balazos.

Ojalá lo tengan presente quienes tienen hoy a su cargo el desmantelamiento del mismo.

Y es precisamente por esa circunstancia que el gobierno federal no puede ni debe alejarse de los problemas del PRI como si fuera una mera bronca intestina. Es un tema de seguridad nacional. Es, además, condición indispensable para sacar adelante las iniciativas del Presidente Fox en el Congreso.

En ese contexto, no se explica cómo es posible que se confíe a ciegas en la palabra de supuestos líderes morales que habrían de acarrear los votos necesarios para lograr la mayoría. La operación política es negociación, acuerdos, seguimiento, acción inmediata ante la contingencia y, finalmente, resultados. Sí, los resultados son los que cuentan y no los discursos ni los lamentos.

El secretario de Gobernación cometió un error, primero, al no asumir el control pleno de la negociación y cerciorarse de su feliz conclusión. Lo vuelve a cometer al arremeter contra los traidores que fallaron a su compromiso. Esos mismos traidores son con los que tendrá que seguir trabajando en los próximos tres años para sacar las reformas adelante. El papel del ministro del interior debe ser el de conciliación y operación. Lo demás sale sobrando.



Por la puerta de atrás

En ese mismo tenor en que no se sabe cómo negociar con el Congreso un verdadera reforma legal en materia de telecomunicaciones, el Ejecutivo se apresta ahora a expedir una serie de reglamentos interiores de la SCT y de Cofetel para, en teoría, hacer más eficiente la operación en materia de telecomunicaciones. Nada tendría de particular la modificación de reglamentos que están en el ámbito exclusivo del Presidente de la República y menos aún cuando se trata de organizar, a su gusto y modo, las estructuras organizacionales y las atribuciones que, por ley, competen a una de sus dependencias, en este caso, a la SCT.

Sin embargo, al revisar esos anteproyectos se aprecia, de fondo, un retroceso en cuanto a la vocación y orientación del órgano regulador se refiere. Se desmantelan sus atribuciones de promoción de la inversión y la competencia, se menguan las de regulador y se pone su devenir a merced del ministerio. De forma, se aprecian francas inconsistencias y hasta vicios de inconstitucionalidad. Una vez más, las cosas llegan tarde y mal.

*Presidente del Instituto del Derecho de las Telecomunicaciones, A.C.

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