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Agenda Alternativa | Javier Lozano



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Lunes 08 de septiembre de 2003

Crónica de un fracaso (Segunda parte)

Total, que en la pasada legislatura los panistas y el gobierno no se pusieron de acuerdo para sacar una reforma en telecomunicaciones; los priístas dobletearon y los perredistas hicieron mutis

Alguna vez sugerí que no se valía que la Conferencia Parlamentaria en materia de Telecomunicaciones (CPT) simplemente entregase una iniciativa de ley y saliera corriendo como quien abandona un bebé en canasto frente a un portón desconocido; y que después de ello sus integrantes se atrevieran a felicitarse por una supuesta misión cumplida para salir en la foto del recuerdo.

¿Qué fue lo que a la postre sucedió? Pues que los integrantes de la CPT acabaron divididos, desgastados y con una iniciativa de ley que no dejó satisfecho a nadie; en la que fueron agregando conceptos y artículos a gusto del solicitante y que al final, como era obvio, no atravesaría el sinuoso camino del proceso legislativo completo.

Así fue. Resulta que el 21 de agosto de 2002 se hizo el anuncio oficial de que habían concluido los trabajos de la iniciativa de una nueva Ley Federal de Telecomunicaciones, misma que fue presentada ante el Senado de la República. Tal iniciativa fue suscrita por los senadores Javier Corral, Emilio Gamboa, Éric Rubio y Héctor Osuna (dos del PRI y dos del PAN), así como por los diputados Emilio Goicochea, Alonso Ulloa y Ángel Meixueiro (este último no formaba parte de la CPT), los dos primeros del PAN y el último del PRI.

Y salieron en la consabida foto. Nótese que ningún legislador del PRD se sumó a esta propuesta, a pesar de haber participado también en la conferencia parlamentaria. Allá ellos y sus oscuras razones. Más aún. Los diputados Jesús Orozco y Víctor Manuel Ochoa Camposeco enviaron un escrito expresando su desacuerdo con la iniciativa "oficial", por así llamarle, mientras que el senador Moisés Castro, del PRD, no asistió a la sesión de clausura donde se dio sagrada sepultura a la CPT.

Total que para cuando inicia el periodo ordinario de sesiones de septiembre de 2002 había sendas iniciativas sobre una misma materia. Una de ellas fue presentada en la Cámara de Diputados y la otra, en la de senadores. Eran de tal tamaño sus diferencias que era fácil prever un choque de trenes, pues la del senado, o sea, la de la CPT, toparía con pared al pasar a la Cámara de Diputados y viceversa.

Ya lo sabían, y sin embargo siguieron todos con este absurdo juego. El pleito sirvió por igual a malos empresarios para justificar los magros resultados ante su consejo de administración, que para la autoridad administrativa en su perfecta excusa de no avanzar en la promoción de la inversión ni en los ajustes regulatorios de su propio ámbito de actuación. Pero aún hay más. Resulta que a finales de 2002 los diputados priístas Javier Sánchez Campuzano y Raúl Cervantes presentaron "su" propia iniciativa, vestida de dictamen a la de OrozcoCamposeco. Es decir, tomaron la de estos últimos, que se había presentado el 30 de abril, y la reformularon. Así no se podía decir que se estaba frente a una nueva iniciativa, sino ante un dictamen. ¡Ja! Se trató de una joya de documento que, para empezar, bombardeaba en su parte motivativa los trabajos de la CPT de la que el propio Sánchez Campuzano formaba parte; ponía como lazo de cochino a las empresas de larga distancia; criticaba al modelo estadounidense y, para acabarla de amolar, balconeaba de más a la SCT al citar que tal iniciativa "cuenta con el consenso de las autoridades del ramo". ¡Sopas! El verdadero problema fue que esta magistral pieza legislativa no sólo no era comparable con la de la CPT sino que, de plano, se erigía como un verdadero retroceso con respecto a la actual ley de la materia. Llamó la atención el activismo del diputado Raúl Cervantesquien, sin estar involucrado con el tema, de pronto se convirtió en precoz experto en telecomunicaciones.

Peor aún cayó el detallito de que Sánchez Campuzano, después de haber pasado 16 meses "chambeando" en una iniciativa con sus colegas de la CPT, impulsase una reforma totalmente diferente y a todas luces improcedente. No vaya el lector a pensar mal. Ninguno de estos diputados tiene interés alguno en asuntos del sector, ni es litigante o abogado patrono de alguna empresa que tiene trámites con la SCT; ni tampoco se trata de algún concesionario de estaciones de radio en el país. Por favor no sean mal pensados...

Todavía en el periodo de sesiones de marzo-abril de este año, el diputado priísta, Ángel Meixueiro, se aventó la puntada de presentar "sus" propias iniciativas de reformas a la ley vigente en los temas de órgano regulador y cobertura social. Se trató de propuestas que llegaron tarde y mal con lo que, al igual que las anteriores, quedaron archivadas en el baúl del fracaso legislativo.

Ah, pero eso sí. El joven diputado Meixueiro todavía se dio tiempo para la víspera de su despedida como congresista andar haciendo la visita de las siete casas para conseguir información que le diera algo de "carnita" para armarle un juicio político al Secretario Pedro Cerisola, aun a sabiendas de que jurídicamente no tenía la menor posibilidad de proceder y de que tampoco obtendría los apoyos partidarios suficientes. No importaba. De lo que se trataba era de dejar a la perra embarazada para luego regresarse a hacer política aldeana al lado de su cacique.

Ya volveré en mi próxima entrega con algunos aspectos finales de esta crónica legislativa y me referiré a la sorpresa contenida en el tercer informe de gobierno.

* Presidente del Instituto del Derecho de las Telecomunicaciones, A.C.

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