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Agenda Alternativa | Javier Lozano



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Lunes 02 de diciembre de 2002

El Primer Tercio

Han transcurrido ya los dos primeros años de la administración del presidente Fox sin mayores logros en el sector de las telecomunicaciones, y para colmo, lo poco que hay lo comunican mal.



La tarea de gobernar no es fácil; la crítica, sí. Y ésa es, precisamente, la diferencia entre ser candidato y ser presidente. Cada seis años se sueña con la llegada de una suerte de Mesías que todo lo puede y en quien la mayoría de la gente deposita su ciega confianza. Con el paso del tiempo, se termina por asimilar que el ciclo sexenal está marcado por el hombre y su circunstancia, y nunca por un todopoderoso. Y viene a cuento esta reflexión porque pareciera que en la ya de por sí fértil tierra de la esperanza, que recibe los pasos firmes del nuevo labriego, a veces se lanzan semillas que prometen árboles frondosos y frutos generosos para un pueblo sediento de buenas nuevas y de un mejor futuro para sus hijos. La multiplicación de los panes resulta, al final de la historia, en sólo una parábola y en amarga frustración para quienes extendían su mano para recibir el regalo prometido; no hay tal, y no lo habrá.

Las expectativas que se generaron en la población, a partir del 2 de julio del 2000, no fueron una mera ocurrencia del electorado. Fue el resultado de una larguísima campaña en la que con irresponsable ligereza se formularon promesas y se criticó hasta el cansancio el pasado. En que se subestimó la acción de gobernar y se pensó que, con el bono democrático, bastaba para que las cosas se resolvieran por sí mismas.

Y es que México es un país con profundas desigualdades ancestrales, con problemas formidables que precisan de la acción de generaciones enteras y de acuerdos políticos para poderlos resolver o, al menos, razonablemente atender. En ese reto es, precisamente, donde se debe apreciar la magnitud de la empresa que se echa andar desde el momento en que se decide ir por la primera magistratura del país. Nadie engañó al entonces candidato, ni al flamante Presidente electo, ni al actual Presidente de México. Él imaginó un proyecto mágico, casi divino, en el que la sola alternancia bastaría para pasar a la historia y para obtener el respaldo y respeto absoluto, permanente, de una población expectante y cada vez más participativa. En ese contexto fue que se ofreció un proyecto deseable, pero imposible.

Hoy vemos que ni el pasado era lo que en campaña se decía ni el futuro resultó ser lo prometido. Cierto: no es responsabilidad de un solo hombre ni de una sola institución; faltaba más, pero en el recuento de daños, el Presidente y su equipo claramente tendrán que erogar una fuerte cuota ante la sociedad, por las esperanzas frustradas y los sueños abatidos. Es quizás en ese afán por mostrar lo que no se alcanza a ver que, en conmemoración del segundo aniversario de gobierno, se paguen planas completas en los principales diarios del país para exaltar logros que aún no lo son, como lo es en el caso del sector de las telecomunicaciones. Así, a fuerza de querer mostrar éxitos tangibles, se diseñan políticas de comunicación social, donde se exponen a riesgos innecesarios algunos proyectos de enorme trascendencia, pero que aún están en gestación.

En efecto. El pasado jueves 28 de noviembre, apareció un espectacular anuncio de plana completa, en el que 90% se trata meramente de imágenes y colorido, mientras que, al pie del mismo, se describen sólo dos como los logros del sector al segundo año de gobierno, a saber: 1) la primera red satelital de conectividad de alta velocidad, con la que "se proporcionará" la conexión y acceso de datos e Internet a todos los municipios del país, a través de 3 mil 200 Centros Comunitarios Digitales; y, 2) que "como parte del compromiso del gobierno federal, se constituyó el Fondo de Cobertura Social de las Telecomunicaciones, con una aportación inicial de 750 millones de pesos". Vamos a ver: si bien es cierto que el proyecto e-México y, concretamente, la conexión a través de Centros Comunitarios Digitales es una magnífica idea, de enorme relevancia, que seguramente cambiará el rostro del país, para permitir el acceso de millones de personas de escasos recursos a la llamada sociedad de la información, también lo es que ese proyecto está apenas en su fase primera de licitación, con lo cual, como la plana pagada bien lo afirma, proporcionará conexión y acceso de datos e Internet, es decir, en el futuro. Será entonces que se podrá hablar de un gran logro, pero no lo es del primer bienio.

Segundo: mostrar como logro la constitución del Fondo de Cobertura Social es casi una broma de mal gusto. ¿Pues qué no se acuerdan que esa decisión y su monto la tomó la Cámara de Diputados en el decreto que aprobó el presupuesto para este año? ¿Es en serio un compromiso del gobierno federal o más bien el cumplimiento de un mandato proveniente del Poder Legislativo? En todo caso, por razones burocráticas imputables a los mismos genios hacendarios que siguen impulsando impuestos especiales para el sector, ni siquiera se han dado a conocer las reglas de operación, ni la integración de su comité técnico, ni este último se ha instalado, ni se ha aplicado centavo alguno de ese fondo, en este ejercicio fiscal, ni, obviamente, ha habido beneficiarios de ese monto que sigue esperando, por razones burocráticas, su destino. Así pues ¿por qué mostrar como logro propio algo que viene de otro poder federal? ¿Y cómo es que se habla de logros sobre eventos que no han ocurrido?

Francamente, no valía la pena el gasto propagandístico para mostrar tan poco y arriesgar tanto. Mejor le hubieran preguntado antes a la Cofetel. Ellos sí que tienen una lista de 11 logros bien impresionantes.

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