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Sepulta agua futuro de pueblo otomí

REBECA JIMÉNEZ/CORRESPONSAL rebeca.jimenez@eluniversal.com.mx| El Universal
Sábado 23 de mayo de 2009
Las nuevas generaciones de San Luis de las Peras están condenadas al desempleo, por eso impulsan atracciones turísticas con el fin de evitar que desaparezca una rica historia

VILLA DEL CARBÓN, Méx.— Las torres de los templos San Luis Rey de Francia y del Señor del Quejido sobresalen de las aguas de la presa Taxhimay, la cual acabó con San Luis de las Peras, cuyos pobladores de origen otomí viven en la orilla de esta cuenca y buscan sobrevivir del incipiente turismo que llega a este lugar de pesca, con gran historia pero carente de fuentes de empleo.

Trabajar de albañil y de empleada doméstica en el valle de México, prácticamente son las únicas opciones para los jóvenes de San Luis Taxhimay, Loma Alta, Cruz y Carrizal, El Palomar así como de Oratorios y Moras, comunidades que rodean esta presa de dos kilómetros de largo, que contiene 50 millones de metros cúbicos de agua, apuntó Lysbeth Ángeles Mancilla, una joven que pertenece a la asociación civil Tlaximaloya.

El agua de la presa “se va hacia Hidalgo” después del 15 de abril de cada año, época en que emerge el pueblo de San Luis de Las Peras, el cual quedó bajo el líquido al crearse esta presa artificial hace 75 años, cuando sus pobladores fueron expulsados.

Cuando el nivel baja, la gente puede caminar entre el pueblo fantasma de calles empedradas, en torno al cual se tejen diversas leyendas, la más conocida la del señor del quejido, que dio nombre al templo del siglo XVII, que junto con el de San Luis Rey de Francia del siglo XVI, quedaron sepultadas, apuntó Lysbeth, quien junto con un grupo de pobladores se ha encargado de reunir la historia oral de Taxhimay, palabra otomí que significa “pastor de oveja blanca o lugar de peña blanca”.

También quedó bajo las aguas “la hacienda de Javier Rojo Gómez, que llega a emerger cuando baja el nivel”, que sólo es en época de secas, pues con las lluvias esta cuenca “que si la ves desde el cielo tiene forma de mano con sus cinco dedos”, apuntó la joven. Ubicada a 100 kilómetros de la ciudad de México, llegando por Atizapán y Villa del Carbón o a 83 por la Autopista México-Querétaro, saliendo por el kilómetro 68, la presa Taxhimay obtiene sus aguas del cerro de la Bufa y bosques de Villa del Carbón y Chapa de Mota. Aquí se practica la pesca y los lugareños ofrecen paseos en kayak, lanchas y calandrias, donde los lugareños cuentan historias del pueblo que quedó bajo el agua.

Este año se celebró por cuarto año consecutivo una carrera náutica, con lanchas certificadas por autoridades de Medio Ambiente y por la Unión Internacional de Motonáutica que garantizan que no se contamine el agua, dice Eduardo Sarabia Loo vicepresidente del Club Ixtoc, AC.

Trabajo, sólo fines de semana

El pequeño José del Carmen carga todos los fines de semana una cubeta llena de tamales de charal, que vende entre los visitantes que acuden los fines de semana a la presa Taxhimay, ubicada entre los municipios de Villa del Carbón y Chapa de Mota.

El pequeño sabe que ese dinero permitirá a su familia comer durante siete días “y si los turistas no llegan no habrá ni para frijoles”, apuntó con timidez.

Más de 5 mil pobladores que viven en torno a la presa Taxhimay, vivían de cultivar maíz y frijol, en la tierra húmeda que dejaba la presa al ser vaciada para el riego de Hidalgo, “pero la Comisión Nacional del Agua (Conagua) ya ni avisa cuándo va a sacar el agua o a cerrar las compuertas”, apuntaron lugareños.

Aquí el desempleo “es pavoroso”, cuenta Federico Martínez Juárez, por lo que “buscamos impulsar Taxhimay como un destino turístico “que de opciones decorosas de vida para los muchachos”. “Peseras” y camiones salen todos los días desde el amanecer rumbo a los municipios urbanos del valle de México, donde los hombres trabajan, en su mayoría como albañiles y las muchachas, de domésticas.

“Queremos trabajar aquí, en nuestro pueblo”, apuntó Lázaro Sánchez, un hombre maduro de expresión recia. Por eso es importante impulsar y difundir la actividad ecoturística de Taxhimay, como opción de vida y de trabajo de los pueblos ribereños, reiteró el hombre cuyos padres nacieron y vivieron en San Luis de las Peras, pueblo otomí que hoy se encuentra a punto de desaparecer.

La lengua otomí en esta región “está a punto de desaparecer, por una generación que olvidó la riqueza de nuestro pueblo”, apuntó Lysbeth Ángeles.

En tanto, decenas de lugareños luchan por sacar adelante ahora sus cultivos de mojarras, carpa, truchas y acociles o “camaroncitos de agua dulce”, que ofrecen a los turistas que cada fin de semana llegan a la presa Taxhimay, cuenca que desplazó un pueblo que hoy lucha por sobrevivir.

 



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