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La sombra de la sospecha

Jorge Torres| El Universal
Miércoles 28 de enero de 2009
La sombra de la sospecha

Ni sus méritos curriculares han sido suficientes para desvanecer las acusaciones de corrupción política en su contra. (Foto: Archivo/ El Universal )

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Ni sus méritos curriculares, exaltados en la página “web” del PAN-DF, han sido suficientes para desvanecer las acusaciones de corrupción política en su contra

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El rostro de Mariana Gómez del Campo se contrae en lo que parece una sonrisa espontánea. Inclinada sobre su hombro izquierdo, los ojos de la joven dirigente del PAN en el Distrito Federal adquieren una fijeza casi enigmática.

El cabello crespo recogido, el saco negro que cubre lo que parece ser una blusa estampada, y sus facciones contraídas, congeladas en ese gesto que le sonroja uno de sus pómulos y le perlan la oquedad que forman sus labios discretamente pintados, intentan construir la imagen de la joven política ejemplar, surgida del partido que por décadas, de acuerdo con su propio discurso, combatió el autoritarismo y el abuso de poder.

Pero la imagen de Mariana Gómez del Campo Gurza, que aparece en la cúspide de sus méritos curriculares en la página electrónica del PAN del Distrito Federal, no parece ser suficiente para desvanecer los más recientes escándalos de corrupción política en los que se ha visto envuelta.

Mariana Gómez del Campo inició su carrera política de la mano de Gonzalo Altamirano Dimas, a mediados de los noventa, y posteriormente buscó el cobijo de José Luis Luege Tamargo. Estudió Comunicación en la Universidad Anáhuac y se ha desempeñado en el Partido Acción Nacional en cargos alusivos al sector juvenil. Fue diputada local en el DF entre 2003 y 2006, y al final de ese periodo decidió buscar la dirigencia del Comité Directivo Regional del PAN.

Para enero de 2007, Mariana Gómez del Campo se erigió como la presidenta del PAN en el Distrito Federal, luego de haber derrotado a Carlos Gelista en las elecciones internas de su partido. La conquista de esa posición política implicó para la joven una serie de acusaciones en su contra, por lo que se ha calificado en círculos panistas como una clara intervención de Los Pinos para lograr su asunción a la dirigencia.

Desde mediados del año pasado, cuando se puso al descubierto una red de corrupción que se gestó en el seno de la Secretaría de la Reforma Agraria (SRA), en la que un funcionario de alto nivel de la dependencia se encargaba de favorecer a familiares con recursos de los programas sociales de esa dependencia, la imagen política de Mariana Gómez del Campo se vio afectada, debido a la cercana relación que mantenía con el ahora ex funcionario.

Desde entonces, la prima de Margarita Zavala ha tenido que lidiar con el escándalo luego de que también se pusiera al descubierto la participación de una red de funcionarios —pero ahora de la estructura política que ella encabeza en el Distrito Federal— que se acreditaron en la SRA para obtener recursos de proyectos productivos de programas sociales de la dependencia.

Por lo menos siete funcionarios que cobran en la nómina de la actual dirigencia encabezada por Mariana Gómez del Campo fueron pillados en lo que se puede configurar como una red maquinada para obtener recursos de la SRA, con la anuencia de la propia secretaría. Y es que un dato desconocido hasta ahora podría configurar con más precisión la maquinación de esta red: José Antonio Covarrubias Varela, padre de David Covarrubias, uno de los funcionarios panistas involucrados, fue contratado por la SRA para trabajar en el programa social en el que su hijo pidió recursos.

Después del escándalo, Mariana Gómez del Campo eludió a la prensa y recurrió a la política interna para salvar el asunto. Pidió hablar con Abelardo Escobar, y el secretario de la Reforma Agraria escuchó a la prima política del Presidente ofrecerle disculpas por los problemas que le había generado.

El saldo de la operación política de la joven dirigente ha sido negativo y le ha provocado a la administración de Felipe Calderón escándalos en donde la corrupción y la inmoralidad política han mermado, además, la credibilidad y solvencia de un secretario de Estado, Abelardo Escobar.



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