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Lobohombo, a seis meses

Ricardo H. Andonaegui, Silvia Otero y Óscar Herrera| El Universal
Viernes 20 de abril de 2001
Lobohombo, a seis meses

. (Foto: )


A seis meses del incendio de la discoteca "Lobohombo" la muerte de 22 personas sigue impune. El propietario del inmueble, Alejandro Iglesias Rebollo, quien fue responsabilizado de los delitos de homicidio doloso, lesiones y lenocinio, está prófugo. Asimismo, el ex titular de la Fiscalía para la investigación de Lenocinio de la Procuraduría capitalina, José Luis Figueroa y el judicial Erick Salas, tienen orden de presentación en su contra tras ser señalados como encubridores de las actividades ilícitas del empresario.

No obstante, el expediente está abierto. Las investigaciones en torno al caso continúan y si bien la prioridad es capturar a Iglesias Rebollo, también se trabaja para desmantelar el "cártel de giros negros" que comanda el empresario y es conocido como grupo "Titanium".

Así lo indicó Roberto Pérez Martínez, el fiscal para Servidores Públicos de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF), quien no pierde la fe en que Iglesias Rebollo pise la cárcel, lo mismo que otros miembros de su organización.

Y es que el incendio de la discoteca Lobohombo, ocurrida el 20 de octubre pasado, dejó al descubierto las irregularidades existentes en los giros negros que, en muchas ocasiones, operan bajo amparos judiciales que impiden su clausura.

Aunque la tragedia evidenció también la corrupción entre los propietarios de los "antros" y algunos servidores públicos delegacionales.

Cabe señalar que a seis meses del inicio de la investigación las autoridades de la delegación Cuauhtémoc quedaron a salvo de las acusaciones que se hicieron en su contra por lo que se consideró una "negligencia criminal".

El fiscal Pérez Martínez explicó al respecto que el Lobohombo operaba a través de una renovación de licencia, lo que por ley no obligaba al propietario a tener el "visto bueno" de la Dirección General de Protección Civil en cuanto a las medidas de seguridad del local. Durante el trámite, a fin contar con la autorización para operar, únicamente se mostraron los planos que indicaban que se disponía de todos los requisitos de protección civil.

La revisión física se haría una vez que la discoteca estuviera en funciones. Un inspector pasaría a verificar el local. Antes de que se efectuara la inspección sobrevino el siniestro.

Por ello se consideró que no había responsabilidad de funcionarios delegacionales. Es así como hasta el momento, la PGJDF ha ejercitado acción penal sólo en contra de importantes socios del llamado grupo "Titanium", entre los que destacan Antonio Gres Gres, quien tiene dos procesos penales en su contra por los delitos de falsedad en declaraciones a una autoridad distinta de la judicial y despojo en pandilla.

También se encuentra procesado por el delito de administración fraudulenta Juan Manuel Suzumo Murakami Ortiz. Recientemente fue detenido y consignado Adrián Iglesias Rebollo, hermano del propietario de Lobohombo, como probable responsable de los delitos de privación ilegal de la libertad y resistencia de particulares.



El incendio del Lobohombo

La madrugada del 20 de octubre pasado, un corto circuito provocó un incendio que consumió una de las discotecas más modernas de América Latina. En el marco de la averiguación previa 61/1511/00-10, la Coordinación de Servicios Periciales de la PGJDF concluyó, a partir de 100 dictámenes, que el siniestro se originó a consecuencia del sobrecalentamiento interno de los conductores eléctricos de distribución, lo que provocó cortos circuitos múltiples en la cabina de controles de iluminación, ubicada en la parte alta del centro nocturno.

Las llamas, que alcanzaron la decoración -hecha de material altamente inflamable- se propagaron de manera instantánea. El unicel empezó a derretirse. Llovió entonces fuego.

La escenas de horror alcanzaron su clímax.

Minutos después se colapsó el techo fabricado con estructura metálica y lámina acanalada.

Las personas que se encontraban en el lugar quedaron atrapadas. Algunas de ellas intentaron salir por la puerta de emergencia, pero ésta se encontraba bloqueada.

El resultado no pudo ser más trágico: 19 personas perecieron calcinadas; tres más morirían en el hospital.



El presunto responsable

De acuerdo con Alberto Wooldrich, abogado de Alejandro Iglesias Rebollo, su cliente no tiene ninguna responsabilidad en el incendio de la discoteca Lobohombo, inmueble que a su decir contaba con todos los permisos que otorga la delegación Cuauhtémoc para operar, así como el equipo suficiente para garantizar la seguridad de los noctámbulos que acudían al lugar.

No obstante, el litigante manifestó que su cliente está dispuesto a enfrentar los cargos que se le imputan, una vez que cuente con la protección de la justicia federal y tenga en su poder los amparos que promovió ante juzgados de distrito.

Sin embargo, las investigaciones para aprehenderlo continúan.

No obstante, el fiscal Pérez Martínez reconoció que no ha sido tarea fácil localizarlo, pues el empresario cuenta con los recursos suficientes para evadir la acción de la justicia. Detalló que la PGJDF ha recibido informes de que Iglesias Rebollo ha visitado la ciudad de México en diversas ocasiones y que si bien se han establecido operativos para detenerlo, hasta ahora no han tenido éxito.

Dijo que se cuenta con indicios de que Iglesias Rebollo ha cambiado su apariencia física para no ser aprehendido. El fiscal explicó que al parecer, el inculpado se sometió a una cirugía para borrar cicatrices, ha bajado de peso e incluso ha cambiado su color de cabello. No obstante las dificultades que se han enfrentado para capturarlo, Pérez Martínez confía que en breve se hará justicia.

Cuando la chispa se vuelve drama

Una chispa, entre el parpadeo de las luces, fue una señal que nadie supo leer.

Ese pequeño destello, semejante a un cigarro encendido, rompió la semioscuridad. Luego llegó la tragedia.

En segundos se sucedieron las explosiones en las pantallas y se formaron cascadas de unicel derretido.

El humo se tornó negro, negrísimo. El calor era ya insoportable.

Horas después se supo que 19 personas murieron y más de 40 resultaron con quemaduras severas en el cuerpo.

Roberto, uno de tantos asistentes a la discoteca Lobohombo en aquella noche del 20 de octubre del 2000, recuerda todavía el olor a hule quemado.

Apenas unos minutos antes: tres, cuatro, quién sabe, bastaron para que el infierno llegara a la tierra.

Pensó que el aroma era consecuencia de una quemadura de cigarro, pero los estallidos en los televisores y las llamas le vomitaron a la cara que no, que esto era apenas el anuncio de una pesadilla que acababa de empezar.

"El calor se extendió así: ¡fuum! La ola de calor nos envolvió rapidísimo".

El humo negro, en una capa densa, densísima ocupó en instantes la totalidad del centro nocturno.

Roberto revive la escena, entre el dolor de las cicatrices y su gusto apagado por el baile. "Los trozos de la cortina, el unicel que escurría y se te pegaba al cuerpo y que, ya para entonces, andaba por todos los rincones de la disco".

Dice que el ardor fue mínimo mientras el instinto de sobrevivencia lo hacía buscar una salida.

Una vez a salvo, relata, "me quise morir. Me dolía todo y todo es todo". El calor lo empujó a arrastrarse entre los vidrios rotos y el material incandescente, lastimando su cuerpo hasta en un 50 por ciento .

Un recoveco cercano a los muros de cristal que daban a la avenida Insurgentes fue su refugio momentáneo mientras trataba de orientarse entre el humo.

La incredulidad del suceso lo orilló al llanto, el calor aumenta, tic, tac, minuto a minuto. Los gritos le ayudaron por momentos a mantener la esperanza, aunque la tos era ya incontrolable.

La sensación de muerte apareció en su mente. Pensaba en Dios, en encargarle a su familia. Pero las lágrimas aliviaron un poco su impotencia ante la tragedia y, antes de desmayarse, buscó, casi sin moverse, un camino que lo llevara a la calle para ponerse a salvo.

"Nada me dolía seriamente y jamás me imaginé que además de mis manos, también estuviera quemado del cuerpo".

A partir de entonces Roberto no supo lo que pasó ni cuánto tiempo transcurrió hasta que paramédicos lo ayudaron a salir de la discoteca. Sólo recuerda que al recobrar el conocimiento se encontraba dentro de una ambulancia junto con otras víctimas de la tragedia.

"Yo veía a los demás negritos, negritos, como morados pues, y pensé que yo estaba igual... que estábamos hinchados de lo caliente que estaba todo ahíí".

Roberto recuerda de manera intermitentemente algunos de los rostros que ingresaron junto con él al hospital Magdalena de las Salinas, de quienes nunca supo los nombres, aunque está convencido que varios de ellos no corrieron con su misma suerte.

Mientras estuvo consciente en el hospital, Roberto afirma que "lloraba mucho y sentía un dolor que no podía controlar" por lo que prefería permanecer dormido, no pensar y evitar al máximo los deseos de claudicar.

Hoy, a seis meses del incendio que le arrebató la vida a 22 personas, Roberto asegura que "no estaba en Dios que me fuera" y que todo es "un mal recuerdo" que espera olvidar a pesar de las huellas que se aferran a su rostro y que no terminan de cicatrizar.



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