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Perros inculpados, caso Iztapalapa

Gustavo Larios Velasco*| El Universal
Jueves 10 de enero de 2013

La muerte de cuatro personas en Iztapalapa ha ocupado la atención ante el hecho de que los cuerpos mostraban mordeduras de perro, circunstancia que despertó una serie de especulaciones, algunas de ellas absurdas. Aparte de que es muy remota la posibilidad de que un grupo de perros callejeros ataquen a personas, de acuerdo con expertos en etología, llamó especialmente mi atención la rapidez con que las autoridades capitalinas decidieron atrapar canes en diversos puntos de la ciudad, sin importarles violar la Ley de Salud del DF que prohíbe las capturas masivas de perros.

Esa falta de respeto a la ley dejó mucho qué desear; se nota carencia de ética y corta visión en lo político. Lo primero que debe aclararse es la causa de la muerte y más aún cuando dos familiares de las víctimas han declarado su descontento con las investigaciones, afirmando que los cuerpos presentaban no solo mordidas de canes, sino también marcas de presión al parecer de dedos humanos, así como cortadas finas en algunas partes, más propias de instrumentos punzocortantes que de colmillos de can.

No es posible que con las actuales posibilidades de comunicación y el evidente crecimiento de la participación de la gente en la problemática de la criminalidad y en la defensa de los animales, el gobierno crea que la gente no piensa o que se come todo lo que le dicen. Debe investigarse a fondo, utilizando los avances que existen en materia pericial en lugar de condenando animales sólo para lavar mediocridades ministeriales.

La Brigada de Vigilancia Animal de la SSP se creó para ayudar a los animales que sufren de crueldad. Al conocer el gobierno de la ciudad la relación entre abuso animal y la violencia social probada por criminólogos, estimó importante conformar a un grupo de policías especializados que salvaran animales. Esa brigada empezó bien, cumpliendo con su trabajo, pero a los pocos años se convirtió más en una especie de antirrábico que en un cuerpo de defensa animal. Lejos de ayudar a víctimas, es utilizada para capturar animales que no han hecho más que tratar de subsistir ante las hostilidades de la ignorancia.

Si, como afirman los familiares de los occisos, en la fe de cadáveres y necropsias aparecen huellas de intervención humana, la consecuencia lógica es que los pobres canes realizaron una función de carroñeros y no de jauría cazadora. Y aun en el caso remoto de que hubiera existido un verdadero ataque de perros, nada podría garantizar que una redada tenga como resultado el atrapar a los agresores. Las desesperadas razias sólo muestran insensibilidad e inmadurez política; espero que el llamado que hicieron las autoridades a los grupos defensores de animales el día de ayer tenga el resultado positivo de no asesinar a los capturados y de entregarlos en adopción. Los capitalinos esperamos una investigación profesional y eficiente;no queremos más acusaciones de canes, con el lógico riesgo de condenarles a muerte en forma injusta.

*Presidente de AMEDEA



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