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“Lamentable, que deban existir autobuses rosas”

Gabriela Gutiérrez M.| El Universal
Viernes 25 de noviembre de 2011

María Esther Mejía, de 47 años, es una de las 25 operadoras de los cien autobuses Atenea Lucía Godínez/EL UNIVERSAL

Ella recuerda y agradece las bendiciones que provienen principalmente de ancianas Lucía Godínez/EL UNIVERSAL

Adriana Arce, de 32 años, usuaria de los autobuses rosas, viaja diariamente de La Villa a La Diana y en este trayecto va tranquila Lucía Godínez/EL UNIVERSAL

Mujeres taxistas: la mayoría trabaja la unidad, es decir, dan “cuenta” porque no son dueñas de los vehículos Gabriela Esquivel/ EL UNIVERSAL

Las taxistas no son concesionarias y aseguran es difícil conseguir un crédito o un título de concesión Gabriela Esquivel/ EL UNIVERSAL

Ellas han decidido cambiar esa realidad en la que laboran y consiguen el sustento para ser el soporte o contribuir al gasto familiar Gabriela Esquivel/ EL UNIVERSAL

Lamentable, que deban existir autobuses rosas

DIFERENCIA. Los autobuses rosa de RTP, a las siete de la mañana, bien puede pasar por una estética rodante. Rimel, labial, maquillaje y cepillos emergen de los bolsos. (Foto: LUCÍA GODÍNEZ EL UNIVERSAL )

Usuarias celebran poder viajar sin temor a ser violentadas

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“Iba en (la estación del Metro) Pino Suárez, iba a mi trabajo, cuando un tipo me metió la mano por el frente. Me agarró todo. Lo empujé y me dijo: “Si te puedes bajar, bájate”. Lo intenté y como no lo conseguí, me volvió a meter la mano. Le di una cachetada y me agarró a puñetazos. Nadie en el Metro levantó un dedo. Yo tenía 19 años”, esta experiencia, que tuvo lugar hace más de 15 años, dejó marcada a Julieta. Hoy, agradece que sus hijas puedan disfrutar de transportes públicos exclusivos para mujeres.

Los Atenea —autobuses rosas de RTP—, vagones exclusivos en el Metro y un fallido intento de taxis rosas que nunca vieron la luz son el resultado de generaciones de hombres que ven en la mujer a un objeto, opina la especialista en género Aida Hernández, del Centro de Investigación y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS).

Hernández Castillo califica de “buena medida” el transporte público exclusivo para mujeres. Aunque aclara que sólo mientras se trata como parte de una política integral: “Si es aislada no tendría mucha importancia, sería un paliativo. Como si alguien tuviera cáncer y le pones un curita. Pero no debe ser una medida aislada sino temporal, como parte de un proyecto más amplio, de medidas de construcción de una política de la equidad y del respeto”.

Aida Montiel, directora de RTP, establece que los autobuses Atenea, que comenzaron a circular por las avenidas capitalinas en enero de 2008, forman parte de acciones “afirmativas, para hacer lo que debería ser una regla: el respeto a la mujer, algo especial. No debería ser, debería generarse un ambiente positivo para las mujeres”.

Por el otro lado, en lo que se refiere al Sistema de Transporte Colectivo Metro, que diariamente mueve a 4.5 millones de usuarios, de enero a mayo de este año se registraron 108 atenciones por violencia sexual en contra de mujeres —incluidas seis violaciones cometidas en el exterior del Sistema de Transporte Colectivo—, en los módulos del Instituto de las Mujeres del DF, ubicados en el interior de las estaciones del Metro Balderas, Pino Suárez, Hidalgo, Pantitlán y Guerrero.

 

Tacones lejanos

 

Los autobuses rosa de RTP, a las siete de la mañana, bien puede pasar por una estética rodante. Rimel, labial, maquillaje y cepillos emergen de los bolsos de las usuarias. Es su espacio. No se preocupan de que los demás estén “demasiado” cerca. Que se les replieguen.

María Esther Mejía, de 47 años, es una de las 25 mujeres choferes que trabajan para otras mujeres, como operadora de los 100 autobuses Atenea, en las 50 diferentes rutas.

Mejía recuerda y agradece las bendiciones que provienen principalmente de ancianas. Y entre “las cosas que hay que saber” como chofer de un transporte exclusivo para mujeres, apunta: “Por correr o por bajarse se caen con los tacones, hay que tener más paciencia y pegarse bien a las banquetas”.

Adriana Arce, de 32 años, usuaria de los autobuses rosas, viaja diariamente de La Villa a La Diana y en este trayecto va tranquila, dice: “Es la primera vez que piensan en nosotras”.

Paula Méndez, de 26, también usuaria, advierte: “El transporte rosa es como la ley de la no violencia. No deberían de existir porque no debería de haber violencia, sin embargo la hay”. Así, al celebrarse el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, este sector celebra la apertura de espacios libres del acoso cotidiano.

 

 

 



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