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Expertos en rehabilitación “pulen” estructuras de metal

El Universal
Domingo 21 de febrero de 2010

Sea picando piedra con cincel a 40 metros de altura o colocando laca para proteger las láminas de bronce en el vestíbulo, decenas de trabajadores restauran de forma artesanal el Monumento a la Revolución.

Muchos conocen y se jactan de su oficio: el de restaurar monumentos históricos. “Nosotros estuvimos en el Ángel de la Independencia e hicimos un buen trabajo”, presume un señor que limpia los barandales de latón que se encuentra en la parte más alta del monolito que en 1910 fue concebido para ser el Palacio Legislativo.

Una decena de trabajadores de la empresa Sackbé —que hace tres años remozaron el Ángel de Independencia— se concentra en tallar con un cepillo la estructura de latón que pasa de negro a un color dorado.

“Na’más no miramos hacia abajo”, comentan quienes les toca laborar en la cúpula del monumento.

Ahí limpian los oxidantes y colocan la laca protectora a las láminas de bronce y latón de los barandales.

Los trabajos de restauración se efectúan en dos escenarios.

En las alturas y a nivel de piso. Los que están en la parte alta, utilizan los andamios que actualmente rodean casi la totalidad del monumento. Suben y bajan. Otros se quedan suspendidos a la mitad para juntar las piedras.

Composturas, a cincelazo

Enrique Lastre, arquitecto encargado del proyecto por parte de la Autoridad del Espacio Público del Distrito Federal, comenta que en los muros del inmueble —cuya estructura es metálica, pero revestida de chiluca y recinto— las piedras son sustituidas o reparadas, con cincel, ahí mismo.

Las juntas consisten en la colocación de un material especial para evitar la filtración de agua. Y es que sin protección y la falta de mantenimiento mayor desde que se edificó, el agua se ha filtrado y desgasta la piedra.

Gran parte de la fuerza trabajadora se ubica en la terraza. Ahí, con el radio a todo volumen se emplea el cincel para retirar las piedras que serán sustituidas. Con casco y cinturones de seguridad, los especialistas escalan y se quedan suspendidos en el aire, en los muros y piedras para remozarlos.

Enrique Lastra, arquitecto encargado del proyecto por parte de la Autoridad del Espacio Público del Distrito Federal, dice que el deterioro es proporcional a la falta de mantenimiento, el cual nunca se le había dado.

El excremento de las palomas también ha sido un factor de deterioro para los elementos metálicos pues es muy corrosivo.

Aseguró que se colocará una especie de red para evitar que las aves sigan arribando, tal cual lo hacen ahora durante los trabajos. En medio de los andamios, los materiales son subidos con polines, pero también bajan las láminas de la cúpula para ser tratadas.

En el vestíbulo del Monumento a la Revolución, la empresa Sackbé habilitó un taller para tratar los elementos exteriores de la cúpula.

Las láminas de bronce son sumergidas en un coctel de químicos con agua tratada para retirar los oxidantes que le dan el tono negro.

De ahí, los hombres les devuelven su forma original con soplete en mano. Mujeres, con cepillo, terminan la limpieza con los químicos.

Las piezas son resguardadas para evitar su contacto con el aire que acelera el proceso de oxidación.

De acuerdo con Enrique Lastra, la intención de recubrirlas con laca es para protegerlas durante los próximos 10 años. “No tendrán un color dorado, pero sí como bronceado”.

Es la primera vez que el monumento, que recuerda la gesta heroica de 1910, recibe mantenimiento... en su interior se revela el deterioro.



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