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Manzanillo, con mucha adrenalina

No sólo de playa viven los turistas. También necesitamos emociones tierra adentro y descubrir pueblos mágicos de novela. En el aire o a cuatro ruedas, conoce un manzanillo de aventura

Uno de sus principales atractivos son sus tirolesas, cinco líneas en total: la más alta, a 80 metros de altura, mide 480 metros de largo. (Foto: Tanya Guerrero )

Domingo 05 de agosto de 2012 Evelyn Velázquez | El Universal00:10

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Nos vamos a Manzanillo un fin de semana, un puerto en el estado de Colima conocido como "la capital mundial del pez vela". Dicha especie habita en los mares de esta región, donde año tras año se lleva a cabo el Torneo Internacional de pesca deportiva.

Esta vez le dedicamos menos tiempo a la playa para ir tierra adentro, a volar entre las copas densas de los árboles tropicales y manejar cuatrimotos sobre caminos accidentados (y encharcados) hasta llegar a una playa solitaria. Y después del ajetreo, iremos a Comala, el pueblo en el que, dicen, Juan Rulfo situó su novela Pedro Páramo.

 

Zangoloteo en cuatro ruedas
Uno de los recorridos más emocionantes es en cuatrimoto. Nuestra caravana arranca en el municipio Chandiablo, a 30 minutos del centro de Manzanillo. El sonido de los motores encendidos produce un poco de nervios, pero también promete mucha diversión y velocidad.
Siguiendo rituales personales de buena suerte, busco un vehículo con número par. Me llama el número cuatro. Me coloco el casco, los goggles y un paliacate para proteger mi nariz y boca de la tierra, lo voy a necesitar, me comentan.

Las cuatrimotos son muy fáciles de manejar: una vez identificado el botón para frenar, nos dejamos deslizar por el camino que nos introducirá en un paisaje de vegetación exuberante. El amplio sendero permite que dé rienda suelta a la adrenalina subiendo de vez en cuando la velocidad.

Por donde quiera aparecen árboles copeteados y por momentos creo que me cierran el paso con sus ramas entrelazadas. Después de un par de kilómetros recorridos, el camino se bifurca: del lado izquierdo se levantan montañas de tierra y del otro lado, el suelo es planito.
Por error tomo el camino difícil, nunca vi la señal del guía que nos indicaba seguir por la derecha, así que no tuve más remedio que saltar grandes obstáculos. Luego de acelerones y zangoloteo logré unirme de nuevo al grupo.

Después de un par de horas, paramos en un mirador para tomar fotografías del Cerro de la Vaca, un peñasco de 400 metros de altura, bañado por el agua azul radiante del mar.
Un kilómetro más y llegamos al punto culminante del trayecto: la playa desértica Peña Blanca. En terreno arenoso, apagamos el motor y bajamos de las cuatrimotos para descansar y deleitarnos con la sinfonía del mar.

Terminamos agotados y hambrientos. A los más nerviosos, mañana les auguro un dolor insoportable de brazos por tensar los músculos.

 

Aventura desde las alturas
Salimos el sábado por la mañanita hacia al ejido de Francisco Villa, a 20 minutos de Manzanillo. Ahí se encuentra Natura Camp, un campamento ciento por ciento ecológico. Para su construcción se utilizaron materiales reutilizables -como plástico y llantas-; la energía eléctrica se obtiene por medio de celdas solares y los desechos se reciclan.

El principal atractivo son sus tirolesas, cinco líneas en total: la más alta, a 80 metros de altura, mide 480 metros de largo; dos son de 300 metros y las dos últimas miden 150 y 100 metros de longitud.

Antes de subir un cerro nos colocan el equipo: arnés y guantes. Es recomendable llevar una pequeña botella de agua y una toalla para limpiarse el sudor de la cara, pues hay que emprender una larga caminata para alcanzar la cima.

A mitad del camino, en nuestro primer punto de descanso, nos dan las instrucciones para un viaje sin problema: el cuerpo debe estar inclinado y una mano siempre debe ir por detrás de la cabeza para reducir la velocidad cuando estemos a punto de alcanzar la siguiente plataforma. La mano no se desliza por el cable, para frenar, sólo se dan pequeños toques. No hay riesgo de lastimarnos, por eso necesitamos los guantes.

Del otro lado nos espera un experto, atento para ayudarnos a frenar, si es necesario.
El parque agrega un atractivo más: un puente colgante cuyo vaivén hace tropezar a más de uno. Nos separan 50 metros del suelo. Este escenario, en medio de una enorme cortina vegetal con árboles de dosel, me hace sentir parte de una película de acción.

Seguimos cuesta arriba, aproximadamente 400 escalones para ejercitar pierna. Desde la cima observamos los árboles de más de 60 metros de alto que ahora parecen pequeños arbustos.
Para emprender el vuelo y poder "aterrizar" se construyeron plataformas de madera en diferentes puntos.

Es mi primera vez, así que en mi estómago hay una revolución de mariposas y un ligero cosquilleo se siente en las piernas. En pocos segundos mis pies se despegan del piso y mi cuerpo pende de un cable.

El trayecto dura menos de un minuto. No puedo evitar sonreír y gritar. La velocidad y una brisa me acompañan y una alfombra verde se extiende por debajo de los pies.

Cuando llega el momento de frenar, hay que estar atento y, sí, algunos se preocupan.
Así de emocionantes fueron las otras líneas. El miedo, finalmente se convirtió en ganas de repetir la experiencia.

Nuestro éxtasis se apaciguó al entrar a la UMA (Unidad de Mantenimiento Ambiental), una reserva donde cuidan venados de cola blanca. Algunos animalitos se alejaban temerosos y otros, más vivaces, se acercaban para arrebatarnos de un mordisco las hojas de lechuga que les mostrábamos.

El parque no abre todos los días con la intención de mantener el equilibrio ecológico de la zona. Por eso se recomienda hacer reservación.

Para realizar esta actividad, es indispensable que el visitante pese 50 kilos como mínimo. La tirolesa soporta hasta 120 kilos. Niños que tengan más de dos años, pueden deslizarse con sus padres.

Después del mediodía salimos a Playa Azul, a devorarnos una paella cocinada en el restaurante del hotel Marbella, en el corazón de la zona hotelera. Las mejores mesas se encuentran en la terraza. Desde ahí los comensales se refrescan con la brisa y disfrutan la vista del mar.
También recomendamos las empanadas de jamón con queso, los hongos con aceite de olivo y guajillo y los pulpos con papas y chile.

En la tarde fuimos al Iguanario Archundia, un lugar terroso para convivir con estos reptiles que viven en libertad. Te las encuentras en los techos, acostadas en las copas de los árboles de guamúchil o arrastrándose por el piso.

Ramón Medina Archundia fundó esta reserva. Empezó hace 38 años con sólo 30 especies endémicas de Manzanillo y, hoy en día, tiene un total de 500. El costo de entrada es de cooperación voluntaria.

Y todavía tenemos energía para la vida nocturna. Alguien nos recomienda "La mala noche no", para bailar música de los 80, en inglés y en español, y música versátil en vivo.

 

Comala, el pueblo mágico de "Pedro Páramo"
Es domingo. Después de dos horas de viaje de Manzanillo arribamos a la ciudad de Colima, cuando apenas el sol se asoma entre las colinas, justo a tiempo para desayunar en La Casa de Piedra, alojado en una edificación emblemática y labrada con este material. Es el lugar perfecto para los amantes de la carne porque pueden elegir entre un amplio menú de cortes.

Para empezar el día elijo el omelette de queso con champiñones y guardo un huequito para probar el delicioso pan casero que hornean aquí mismo. La concha de chocolate es la favorita de todos.
Continuamos la travesía con dirección a Comala, el pueblo mágico de Pedro Páramo -la novela del escritor Juan Rulfo-, ubicado a sólo 15 minutos del centro de Colima.

Apenas son las 10 de la mañana y el bochorno me obliga a quitarme el suéter para dar un paseo por las calles empedradas. Es muy temprano y casi no hay movimiento.

El blanco, que en 1961 se adoptó como el color distintivo de Comala, resalta la arquitectura típica de las casas con techos de tejas rojas.

Es curioso que en la plaza principal el visitante pueda encontrar árboles de papaya, mamey y platanares, así como frondosos y robustos árboles de hule.

El llamado "lugar de comales" conserva algunas tradiciones. Por ejemplo, es típico que en punto de las siete de la mañana se tueste café. En nuestra ruta visitamos el Café Nogueras, en la calle Venustiano Carranza.

Nos sentamos en una de las mesitas para probar un americano de tueste medio que nos conquistó con el aroma; lo tomamos sin azúcar ni leche para disfrutar su sabor auténtico. Cuesta 35 pesos.

La gente de aquí se distingue por sus artesanías. En la misma calle se ubica La Yerbabuena, una casa artesanal donde se pueden adquirir sombreros de palma, comales, muebles tallados en madera y figurillas de barro, como el emblema de la ciudad: los "perros danzarines", xoloitzcuintles que parecen bailar en pareja, pero en realidad representan la transmisión de sabiduría de las generaciones viejas a las nuevas. Se pueden adquirir piezas de 200 y hasta de mil pesos.

También probamos la famosa tuba, una bebida preparada con la flor de la palmera de coco. En una esquina encontramos a un vendedor cargando un guaje grande y pesado. La tuba se puede tomar al natural o compuesta; la segunda lleva manzana, betabel, piña y cacahuate. Su sabor es agridulce y, además, es muy refrescante.

Antes de regresar a Manzanillo, nos damos cuenta de que el magnífico Volcán de Fuego vigila siempre el pueblo de Pedro Páramo.

 

LA GUÍA
POR AVIÓN
Aeroméxico te lleva por 2 mil 526 pesos, viaje redondo. Tiempo: una hora con 25 minutos. www.aeromexico.com
DÓNDE DORMIR
Hotel Barceló Karmina. Desde mil 964 pesos por persona, por noche. Plan todo incluido.
Teléfono: (314) 3311 359. www.barcelo.com/Manzanillo

CUATRIMOTO
Tláloc Tours. Bulevar Miguel de la Madrid Km 14, Santiago, Manzanillo. Llama al (314) 334 11 80 o manda un correo a [email protected] Costo: 900 pesos por persona, incluye agua y transporte de ida y vuelta a tu hotel. Se recomienda utilizar pantalón, tenis y protector solar. Duración: tres horas, aproximadamente. Te acompañarán dos guías.

TIROLESA
Natura Camp. Costo: 350 pesos, en temporada baja, y 499 pesos, en temporada alta. Incluye equipo, una pizza y refresco. Se necesita reservación. Llama a Diego Dueñas. Teléfono: (045) 314 1019 949. [email protected] www.naturacamp.com

IGUANARIO ARCHUNDIA
Dirección: Calle 21 de Marzo 521, en el centro de Manzanillo.Costo de entrada: Cooperación voluntaria.

DÓNDE COMER, EN COMALA
Busca los restaurantitos de los portales. Algunos ofrecen antojitos gratis, si consumes bebidas. Primera Plus te lleva de Manzanillo a Colima por 93 pesos.
En la capital tomas un taxi hacia Comala. El costo aproximado es entre 50 y 60 pesos.
EN LA WEB www.visitacolima.com.mx www.vivemanzanillo.com.mx

 



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