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Puebla: Museos, dulces y cemitas

Disfrutar de un recorrido por las casas de arte disfrutar de su gastronomía y conocer su historia en sólo 48 horas

LA VISTA. Desde la terraza de El Sueño se aprecian las torres de la catedral con una altura de 74 metros, las más elevadas del país. (Foto: Cortesía Hotel El Sueño )

Lunes 21 de febrero de 2011 Viridiana Ramírez | El Universal00:37
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VIERNES

17:00 Sabía que llegaría justo a la hora en que mi estómago suele reclamar comida. Lo engaño con una barra de amaranto mientras me registro en el hotel El Sueño, un hotel boutique de 12 suites, instalado en una casona de estilo barroco en la calle 9 Oriente, a una cuadra de la catedral. Por azares del destino me toca dormir en Viridiana, inspirada en la película de Luis Buñuel. El lujo me sale en 3 mil 500 pesos por noche con desayuno y estacionamiento incluido.

18:00 La recomendación que me hacen en el hotel es comer en el restaurante español La Conjura, en 9 Oriente 201. Después de una ensalada, un bisteck de venado en salsa de avellanas, acompañado de un tinto y un exprés, liquido mi cuenta (250 pesos).

19:30 Me dirijo a la Capilla del Rosario, en la esquina de 5 de Mayo y 4 Poniente, a la que se accede cruzando la Iglesia de Santo Domingo. Desde su inauguración en 1690 ha sido conocida como la "Octava Maravilla del Nuevo Mundo". Es como si entrara al corazón del barroco novohispano: yeso y madera cubiertos de hoja de oro. Ofician misa y no quiero hacer ruido con el obturador de la cámara.

21:30 La romería continúa por la calle peatonal 5 de Mayo, que divide a la ciudad en orientes y ponientes. El andador termina en Reforma. Después del zócalo se llama Juan de Palafox y, a su vez, limita nortes y sures. Por Reforma llego hasta la 7 Norte, donde la Librería- Café Teorema me reserva una rebanada de pastel y música viva.

SÁBADO

9:00 Sobre la 2 Oriente, a unos pasos de la esquina con 4 Norte, está la Panadería de Zacatlán, que en su interior tiene unos banquitos para desayunar café o atole con tamales o, de preferencia, pan de queso, especialidad de la casa. He desayunado por 80 pesos. A unas cuadras está la Casa de los Muñecos que hoy alberga al Museo Universitario. Contemplo obras en óleo del siglo XVII, yesería, dibujos y aparatos científicos. Entrada: 30 pesos.

13:00 Cruzando la calle llego a lo que Juan de Palafox convirtió en el Seminario Tridentino, que habría de competir con los jesuitas por la educación de los fieles. En 1646 Palafox donó al seminario los 6 mil volúmenes de la biblioteca que hoy lleva su nombre y que recibe por igual a quienes recorremos sus estantes admirando los lomos de pergamino rotulados a mano y a los afortunados investigadores con grado de maestría.

Ya que ando muy cultural aprovecho para ir a la Casa del Alfeñique (8 Norte 416). Este pequeño museo recorre la historia de la ciudad a través de retratos y paisajes, documentos, uniformes y trajes típicos (entre ellos el original de china poblana). En el piso superior se recrea una vivienda antigua en la que destaca la capilla de estilo churrigueresco.

17:00 En el Antiguo Paseo de San Francisco, con fuentes y jardines, hay varias fondas en donde preparan chalupas y mole. Con una cerveza fría saboreo mi comida que no rebasa los 100 pesos. Para el postre voy a la calle Santa Clara. Las dulcerías desafían la dieta con camotes, rompopes, suspiros de monja, merengues y alfajores.

21:00 Después de una siesta me voy al Callejón de los Sapos. Tengo que decidir entre bares de música bohemia y antros de pop y rock en vivo.

DOMINGO

12:30 A esta hora el Barrio de los Sapos luce una cara más relajada: bazares y tiendas de artesanías y antigüedades rodean la plaza repleta de chácharas, Los paseantes descubren un cartel original de Pepe el Toro o preguntan cómo llevarse aquel ropero de encino que cuesta 20 mil pesos. También compran planchas de hierro para detener libros, además de moldes de veladora para sus esencias de aromaterapia.

Yo sólo observo y paso unas horas, hasta que me animo por un jarrón de talavera en 500 pesos.

15:30 Tras recoger mi equipaje, hago la última comida en el mercado Venustiano Carranza, famoso por las cemitas de pollo, pierna, de carnitas o barbacoa. Son una especie de tortas aderezadas con medio aguacate, jitomate, quesillo abundante, frijoles, una rama de pápalo y chipotle al gusto. Las de pollo, por ejemplo, llevan una pechuga casi entera.
Por 40 pesos puedo decir provecho, vuelvo al DF.

lae



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