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Marcianos a la mexicana

El cine ha creado sus extraterrestres, de ahí que por la pantalla han desfilado platillos voladores y arañas infernales; todos, producto de la imaginación, como lo fue hace unas semanas la ‘Sirena de Marte’
Martes 05 de febrero de 2008 José Xavier Návar | El Universal

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La fotografía que hace unas semanas difundió la NASA de un supuesto humanoide en la superficie de Marte, invita a la reflexión sobre la manera como el cine nacional ha abordado el fenómeno OVNI. En la mayoría de los casos, el tema se ha explotado en cintas de luchadores o en comedias ligeras, pero sin duda lo más importante es que gracias a ese género fílmico, México ha creado sus propios Marcianos.

 

Ocho años después de que, oficialmente, en 1947 se vieran por primera vez en el cielo los platillos voladores, Don Julián Soler fue el primero en dar la voz de alerta sobre el fenómeno de los ovnis en nuestro México cinematográfico, con una ¡comedia musical! Platillos voladores, interpretada por Adalberto Martínez Resortes y Evangelina Elizondo, quienes en sus nombres llevan todavía la penitencia de la ufología mexicana: Marciano y Saturnina.

Fuera de las muchas visitas de objetos voladores no identificados en la cinematografía estadounidense, nadie como su similar mexicana, para presumir visitas y visitantes de otros mundos. Ya lo decía Don Pedro Ferriz (Un mundo nos vigila) y todavía lo sigue rematando (¡Y nadie hace nada!) nuestro investigador de ovnis —y asesor de la Secretaria de la Defensa Nacional— consentido, Jaime Maussan, que se equivoca, porque el cine mexicano sí que ha dado —y sigue dando— fe de estos encuentros con seres venidos de otros mundos.

El más reciente licuado de platillos voladores, profecías mayas, misticismo y arqueólogos tipo Indiana Jones en acción, se estrenará pronto como Seres: Génesis, y es del regiomontano Ángel Mario Huerta. En 1959, Rogelio A. González nos descubre en La nave de los monstruos una invasión de venusinos, que han raptado y mantienen en hibernación a monstruos que llegan al rancho de Eulalio González Piporro en Chihuahua. Un año después, Viruta y Capulina son víctimas del primer secuestro extraterrestre duplex (venusino y marciano) en Los astronautas, de Miguel Zacarías.

 

Otro alarmante rapto se encuentra en El planeta de las mujeres invasoras (1965), de Alfredo B. Crevenna; el tercero que sufre el DF en manos de espías siderales con increíbles (de)fectos especiales en Gigantes planetarios, rodada también por Crevenna.

 

En 1966, El Santo libra una gran batalla sin cuartel para salvar a la raza humana en la formidable y muy de culto: Santo contra la invasión de los marcianos, otra vez de Alfredo B. Crevenna, en la que los marcianos son comandados por Wolf Ruvinskis.

 

Blue Demon tiene que enfrentar a una invasión de platillos voladores que llegan cargados de arácnidos en Arañas infernales, de Federico Pichirilo Curiel. 1968 ubica al Manotas Demon en superlibre contra Las invasoras, de Martínez Solares, que aterrizan en un platillo volador en forma de Saturno en un lago mexicano, para el que está preparado el luchador, ¡hasta con traje de buceo!

 

Las correrías extraterrestres de filmación en México se cierran con la insólita Invasión siniestra, de Juan Ibáñez, con una historia que ocurre en 1890 en ¡Gotemburg! en la que un alienígena se apodera del alma de un maniático sexual.

El reparto es de no dar crédito: el original Boris Karloff, Enrique Guzmán, Christa Linder y Yerye Beirute.

 

En 1971 vuelve Santo contra los asesinos de otros mundos, de Rubén Galindo. Mientras que el luchador y superhéroe Superzán, dirigido por Federico Curiel en dos cintas: Superzán El invencible y Superzán el niño del espacio (1972), lucha contra amenazas extraterrestres en Guatemala.

 

Cinco años después, Santo, Mil Máscaras y Blue Demon son mandados al otro mundo en un hecho insólito dentro del contexto de un cine de investigación extraterrestre submarina en Misterio en las Bermudas (1977), de Gilberto Martínez Solares; mientras que en Abriendo fuego, de Rodolfo de Anda, revela la presencia de un astronauta maya. En 1984, en Historias violentas, un intento de seducción de Pedro Armendáriz Jr., sobre Alma Muriel, es interrumpido por un ovni. Finalmente, con Dos nacos en el planeta de las mujeres, de Alberto Caballo Rojas (1991), se explora el lado extraterrestre de la sexy-comedia-alburera-mexicana.

 

 

 



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